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14 de Abril en el siglo XXI. Por Milagros Rubio

… se desvanece/
de pronto lo que sobra/
y no existe el vacío/ si queremos colmarlo.

-Ernestina de
Champourcin-

Reivindicar el 14 de abril a día
de hoy, no es sólo, que también, recordar a quienes fueron asesinados o
humilladas por ser republicanos, ni mimetizar el modelo de aquel pujante y
conflictivo abril. Actualizar el pensamiento de la izquierda, sostener un
pensamiento crítico y autocrítico en constante evolución, responder a los retos
actuales para ensanchar la democracia, fomentar valores de solidaridad,
pacifismo, igualdad y tantos otros, todo ello y más, acompaña a nuestra Memoria
Histórica en el siglo XXI. 

Desviar la atención a disputas de
familia o poses de infantas y reinas, puede ser entretenido, pero no es fundamento
de ninguna toma de posición sobre la Jefatura de Estado. Más allá de las
anécdotas, monarquías y repúblicas las hay tanto en países democráticos como en
dictatoriales. La cuestión en el siglo XXI es: ¿qué es más o menos democrático,
una Jefatura de Estado que emane de la voluntad popular, o una heredada
familiarmente? Porque, tal como afirma el profesor de Derecho Constitucional Miguel
Presno, "puede haber un Estado social y democrático de Derecho con una Jefatura
del Estado republicana -como Alemania e Italia- o monárquica -como Suecia o
Dinamarca-. No obstante, si la democracia implica que el pueblo gobernado pueda
ser también pueblo gobernante es más democrática una jefatura del Estado
republicana
que, por definición, no reduce a una familia el
ámbito de las personas que pueden ejercer esas funciones. Y además, acota el
tiempo durante el que pueden desempeñarse". 

En nuestro caso, además de lo
anterior, la monarquía española es machista por prevalecer en ella todavía los
derechos del hombre sobre los de la mujer, y es una monarquía con
inviolabilidad para el rey. Igualmente, tenemos en cuenta que la democracia
derrotada por las armas tras el golpe de Estado de 1936 en España, era una república
que, trajo a España democracia, modernidad, mejoras sociales, alfabetización,
voto femenino, cultura popular entre otras muchas cuestiones aunque no
estuviese exenta de errores. Por el contrario, el derrocamiento de la II
República Española por el golpe franquista y posterior guerra civil, terminó en
una larga  dictadura condenada por
Naciones Unidas en 1946, que sumió a España en un oscuro túnel. 

El hecho de que el actual monarca
aporte algunos indicios de modernización de la casa real, no modifica ninguno
de los argumentos anteriormente esgrimidos. Sus funciones y prerrogativas, tanto
las representativas como la del mando supremo de los ejércitos, siguen siendo
las mismas. No caducan hasta que no quiera abdicar el propio monarca, se
heredan familiarmente, se utilizan en momentos concretos para apoyar las medidas
del gobierno de turno, no forman parte de las instituciones democráticas
sometidas a refrendo popular, y contribuyen a mantener una institución que, por
definición, es desigual e injusta para quienes no pueden tener opción a dicho
cargo. 

No se trata de ver en un régimen
republicano toda suerte de soluciones a los problemas hoy existentes ni de
tachar a la monarquía de culpable de todos los males. Con o sin república, la
profundización de la democracia depende de muchos otros factores: equidad, feminismo,
paz, ecologismo, justa distribución de la riqueza, trabajo y jubilación con
ingresos dignos, derecho real a la vivienda, educación en valores, transparencia
y participación, lucha contra la corrupción y ese largo etcétera sobre el que
tenemos que ir trabajando en una relación entre las izquierdas sin sectarismo,
y en un tejido social curtido en movilizaciones, solidaridad, y un pensamiento
abierto, complejo, alejado de ortodoxias, colmando el vacío como en el poema de
Champourcin. Es ahí donde queremos incidir, donde pretendemos forjar las bases
para una III República, que nos permita transitar nuevos caminos, que amplíen
nuestros horizontes democráticos. Recordemos, con María Zambrano, que “no se
trata de pasar de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero”. 

Milagros Rubio, miembro de Batzarre y de IE