Azken berriak

De anuncios, putas, prostitución y violencias. Por Rakel del Pozo y Rubén Oneca

Hace unos días se realizaron en
el Parlamento de Navarra dos cambios legislativos que, aparentemente,
intentaban reducir la violencia hacia las mujeres y alcanzar mayores cuotas de igualdad.

El primer cambio impide que aquellos
medios de comunicación que inserten anuncios de prostitución puedan recibir
ayudas públicas. En nuestra opinión, se trata de
una
medida más simbólica que efectiva ya que no es la realidad de los medios en
Navarra y resulta totalmente ineficaz si lo que pretende es restringir el
acceso a la prostitución.

Pero lo que realmente nos preocupa es que esta medida se
asienta en una determinada visión de la prostitución: negar los derechos a las
prostitutas, en este caso, el derecho a anunciarse. Y aquí está el meollo de la
cuestión: el no reconocimiento de que las putas sean sujetos de derecho.

Y precisamente de esta visión que algunas asociaciones y
partidos políticos tienen de la prostitución, viene el segundo cambio legislativo
realizado: la prostitución ha pasado a considerarse una manifestación de
violencia hacia las mujeres.

Se ha modificado uno de sus apartados, el referido a la explotación
sexual; este apartado recogía aquellas situaciones en las que se obligaba a
mujeres y niñas a prostituirse o a realizar pornografía  usando la violencia, la coacción, el
engaño…

Tras el cambio aprobado, el párrafo queda del siguiente modo:
e) Prostitución y/o explotación sexual:
práctica de mantener relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero.
Obtención de beneficios financieros o de otra índole con la explotación del
ejercicio de la prostitución ajena (incluidos actos pornográficos o la
producción de material pornográfico), aun con su consentimiento.

No sólo se niegan los derechos a las prostitutas, no sólo se
equipara toda la prostitución con violencia, es que se incapacita a las
prostitutas para tomar decisiones sobre sus propias vidas, si su decisión es
seguir ejerciendo la prostitución.

Entonces, ¿hay dos clases de mujeres, las que pueden decidir
y las que no? ¿O dos clases de decisiones, las “buenas” y las “malas”? ¿Y quién
las categoriza, por cierto?

Pero este cambio no sólo supone considerar que las mujeres
prostitutas están incapacitadas para decidir, si no que supone considerarlas
un grupo homogéneo, donde todas están en las
mismas circunstancias y situaciones, elevando la prostitución a una categoría,
sin ver a las mujeres que hay detrás, con sus experiencias vitales, sus vidas
personales y sus voces.

Con este párrafo, se entra en contradicciones flagrantes: hombres,
mujeres trans,
travestis y personas transgénero
sí pueden elegir prostituirse, ese tipo
de prostitución no es violencia… Entonces ¿qué es lo violento, lo que hay que
erradicar? ¿El acto de prostituirse o que lo hagamos las mujeres?

Así, sólo las mujeres prostitutas pasan a ser objetos de
protección, lo quieran o no. Y son protegidas por  “esas otras mujeres”, las que tienen el
derecho a ser el sujeto del feminismo.

Flaco favor a las mujeres que están en situaciones de
violencia con estas modificaciones de trazo grueso que define violencia como la
práctica de mantener relaciones sexuales
con otras personas a cambio de dinero
.

Porque si todo es violencia, nada es violencia. Mila esker.