LA IZQUIERDA VASQUISTA DE NAVARRA
BEHARREZKO AHOTSA
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Carta de Olga Alcega a su abuelo; MI ABUELO ANTONIO
Olga Alcega.
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Carta de Olga Alcega a su abuelo; MI ABUELO ANTONIO

Hoy hace 77 años te quitaron la vida unas personas sin conciencia, sin respeto a la vida, sin amor al prójimo, sin conocimiento de los santos mandamientos, ASESINOS.

A primera hora saliste de casa, todo estaba organizado aunque tú nada sabias, sacaste las vacas al abrevadero, la guardia civil te estaba esperando, te dijeron que les acompañases al ayuntamiento tu contestaste que de acuerdo, cuando dejases las vacas en el corral, no te lo permitieron. Fuiste con ellos al ayuntamiento, las vacas volvieron solas al corral. En el corto trayecto que hay fuiste visto por varias personas, guapo, apuesto, erguido y firme, vestido con pantalón azul marino y camisa blanca con las mangas remangadas hasta el codo.

En el ayuntamiento comienzan los golpes, las torturas, quisiste despedirte de tus hijos que estaban en la escuela, en la planta baja del edificio, no te lo permitieron.

Fuiste trasladado a un pueblo cercano, a 3 km de distancia, a la tapia del cementerio, tu paredón, cargaron, dispararon, la bala entro por la sien izquierda y salió por la nuca. Del ayuntamiento habías salido mal herido, tenías muchos golpes, varias costillas rotas que te habían dañado los pulmones. Te enterraron en la fosa donde cada día inhumaban a gente como tú, gente noble, con ideales, gente grande, que no había cometido delito alguno. Este día solo fuiste tú, por eso te enterraron solo. A las 11 de la mañana del día 2 de septiembre de 1936, firmaron dos testigos y el secretario tu defunción, en ella pone que no constan las causas de tu muerte.

No perdieron el tiempo. No transcurrieron ni dos horas, de la vida a la muerte, de ser una familia feliz al dolor eterno para ti, para tu mujer y tus hijos.

Pasó el día, pasó la noche, a primera hora del día siguiente la abuela fue a pedir un salvoconducto para salir del pueblo e interesarse por ti, nadie le había dicho nada, pensaba que estabas en el cuartel de la guardia civil de Magallón.Cuando se estaba arreglando, se oye desde el patio una voz que llama. Emilia, salió al escalerón, mi padre se sentó en las escaleras a escucharlas con su jarra de desayuno en la mano, la abuela le dijo:-Nati, me voy a ver qué pasa con Antonio, ya son muchas horas y no ha vuelto. Nati, tu prima, le contestó:-Emilia no vayas a ningún sitio, Antonio está muerto desde ayer, todo el pueblo lo sabe y nadie ha tenido cojones de decírtelo, el ruido de la jarra rodando por las escaleras, los gritos y el llanto de dolor.

Tú no lo sabías, pero el alcalde había escrito al gobernador civil para que te destituyera como cartero por ser de Izquierda Republicana. Llegó la respuesta del Gobernador Civil que decía que estaba de acuerdo con los argumentos para tu destitución y también llegó con el nombramiento del nuevo cartero. La destitución debe hacerse efectiva el día 2 de septiembre, firmó el nuevo cartero, tú no firmaste el cese, no lo sabías. Esta carta fue tu sentencia de muerte.

A partir de ese día, tus hijos no pudieron ir a la escuela, robaron todos tus bienes, estos que con tu gran trabajo e inteligencia habías conseguido, las tierras, los jamones, las vacas, la casa, el café, que era el mejor de la zona, tu piano, tu clarinete, el violín, las vacas, la yegua. Registros continuos, la abuela se iba con todos a Tudela, a la fonda de tus tías, pasaban temporadas más tranquilos y así estaban con la tía Pilarin, la chiquilla, tu única hija.

Después de quitarte la vida, poco les parecía y en 1939 comenzaron a juzgarte en el Tribunal de Responsabilidades Políticas, también actuó el Tribunal de Incautaciones. La abuela tuvo un comportamiento atípico, no se calló, luchó, se enfrentó en los tribunales y pido que le devolviesen la mitad de lo incautado, ya que ese 50% le pertenecía al tratarse de bienes gananciales. Lo consiguió, aunque por el camino tuvo que pagar varias multas. El proceso termino 6 años después, resuelve diciendo que aunque es publico y notorio tu pertenencia a Izquierda Republicana, no se ha podido demostrar. Te juzgaron cuando ya estabas muerto, la sentencia inocente dentro de una fosa común.

Tus hijos crecieron, se hicieron hombres como tú, nobles y bien nacidos.

Mi padre día a día ha llorado tu muerte, te ha echado de menos, sobre todo ha hablado, me ha contado, me ha enseñado a quererte sin haberte conocido, cuando mi padre también se fue, cogí el testigo, te he buscado, te he hallado junto con 80 compañeros más, en una fosa de unos 60 m pero no sabíamos el lugar exacto .Cada año iba con mi padre y el ramo de flores que te llevaba lo iba esparciendo y te decía:alguna caerá sobre ti, padre.

Cuando te exhumamos yo no tenía la seguridad de quién eras, estabas enterrado solo, como intuía, también buscaba un esqueleto que tuviese botones a la altura del codo, porque me habían dicho que llevabas las mangas de la camisa remangadas, así fue. El ADN confirmo tu identidad, nunca olvidaré cuando fui a Madrid a buscarte a ti y a tus compañeros de viaje, 81 esqueletos.

Ese día pude por fin cogerte con mis manos, sabiendo con seguridad que eras tú.Cogí tu cráneo, te besé, te dije que te quería, que mi padre ya no estaba, pero que en tu entierro íbamos a estar tus nietos y biznietos.

Desde hace dos años, gracias a los Técnicos de Aranzadi en especial Jimi Jiménez, tus restos descansan bajo un panteón en el que está grabado el nombre de Antonio Alcega Lázaro, tus restos metidos en una caja, cubierta por la bandera Republicana y, sobre ésta, una rosa blanca. A tu entierro acudimos todos tus nietos, tu hija y tus nueras, los que faltaron, son aquellos que aún no tienen conciencia.

El ayuntamiento de tu pueblo no ha querido rendirte homenaje, no ha puesto una placa en tu recuerdo, seguiré luchando, también porque llegue el día en se te haga justicia.

En tu recuerdo abuelo, en el de la abuela, ella no fue asesinada pero tampoco vivió. Gracias abuelo, me siento muy orgullosa de ser tu nieta, gracias por haber tenido un hijo tan maravilloso, mi padre, que me enseñó a quererte, a respetar a otros y a no olvidar.

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