Reflexiones poselectorales en navarra. El cambio
2007-06-05

El cambio

 

El cambio protagoniza el debate en estos momentos. E, incluso, trasciende a la propia Navarra. El PP lo ha convertido en uno de los ejes de la controversia general. El cambio de gobierno es posible por una mayoría estrecha. Se trata de un cambio matizado. No hay un mensaje nítido de la sociedad. Los resultados son muy ajustados: unos 12.700 votos de diferencia. Se trata de un cambio basado en un equilibrio entre PSN-IU y Na-Bai. Un cambio que es complicado: debe ser liderado por el PSN y según algunas encuestas hay una exigua mayoría (52%) de su electorado partidario de la alianza con Na-Bai; frente a un 29% favorable al pacto con UPN y un 19% n/s-n/c. Con este panorama queda mal ante este sector y sobre todo ante el resto de las izquierdas, si no permite el cambio. Pero existen la otra querencia, las dudas sobre qué puede ser más conveniente para el PSOE estatal con las elecciones generales a la vuelta de la esquina y el efecto ANV si se diese alguna clase de acuerdo en Iruña. Es decir, un patio sembrado de dificultades en una u otra dirección, que se agudiza más al ser Navarra un tema sensible. Así las cosas ¿cuál será el desenlace? ¿Habrá un cambio?  ¿Afectará al Gobierno y al resto de Ayuntamientos? ¿Quedará fuera Pamplona?

Nuestra apuesta, obviamente, es por el cambio al menos en el Gobierno y en los principales ayuntamientos donde no hay excusas, pues no es necesario el apoyo de ANV. Pero sí quiero poner el acento en varias cuestiones. En primer lugar, debemos enfocar el cambio como un proceso a largo plazo. Y ello requiere ganarse a la sociedad: no solo por mayoría aritmética, sino implicando en el cambio directamente a una parte sustancial de la sociedad navarrista –que debe liderarlo- y neutralizando a otra parte de la misma. De igual forma hay que facilitarle las cosas al PSN.

A mi juicio, lo que más importa es el rumbo a tomar: Lo fundamental es iniciar la alianza con PSN e IU, aislar y reducir a los sectores más intransigentes con la cúpula de UPN a la cabeza. En este lote debe entrar el pacto de gobierno, ya que hay la suficiente claridad, los suficientes apoyos y no hay ninguna dependencia de ANV. Otro tanto acontece en diversos ayuntamientos importantes donde ya hay una experiencia positiva. Y hay varias localidades de menor significación donde es posible realizar alianzas con ANV sin el PSN, si se desea. Es diferente la situación en Iruña: Se trata de una ciudad emblemática. La alianza con ANV es problemática no tanto por los acuerdos estrictamente municipales, sino por el futuro de ETA y por la previsible línea política de ANV hacia ETA. El dilema que se le plantea al PSN agudamente (y a mi juicio también en otra medida a Na-Bai) es o ceder la alcaldía a una UPN en minoría o pactar directa o indirectamente con ANV. No encuentro una salida fácil ni positiva. En el momento de redactar estas líneas se desconoce la posición del PSN. El tiempo dirá como se resuelven estas papeletas.

Por parte de Batzarre en la campaña hemos planteado un par de cuestiones que consideramos centrales.

Los ejes del cambio. Pensamos que el nuevo proyecto ha de empeñarse seriamente en combatir y reducir las desigualdades más lacerantes que hay en nuestra sociedad: las personas ancianas que viven en la miseria, marginadas o en esa soledad no deseada de abandono inhumano, el hacinamiento en que vive una parte de los inmigrantes, las muchas situaciones de desigualdad real de las mujeres trabajadoras y de los jóvenes precarios… Estos sectores no deben seguir padeciendo la indefensión laboral y la penuria salarial frente a los patronos. Y, al mismo tiempo, se ha de mejorar el bienestar de la población con servicios sociales, con una educación y con una sanidad públicas bien administradas como corresponde a una sociedad rica en recursos públicos.

En segundo lugar, el cambio tiene el reto de integrar a las diferentes formas de sentir Navarra, de trabajar por la convivencia de identidades y descartar el enfrentamiento frentista, basándose en el respeto mutuo, en el criterio de la mayoría, pero también en los derechos de las minorías. Después de 27 consultas electorales la mayoría de Navarra se ha pronunciado por permanecer como comunidad autónoma diferenciada y propia. Lo debemos aceptar y lo aceptamos como demócratas. Pero sería unilateral, injusto y claramente insuficiente atender solo a la mayoría. Además de ser refrendada democráticamente, la reforma del Amejoramiento ha de suponer un respeto y un esfuerzo integrador hacia quienes se sienten navarros y vascos, una mejora en áreas como el euskara, los símbolos vasquistas, la cooperación estable con la CAV y otras cuestiones. Esta perspectiva de buena convivencia y dialogante entre vasquistas y navarristas no significa la ausencia de conflictos derivados de proyectos diferentes; pero sí muestra la voluntad de atemperarlos y de no erigir en bien supremo la guerra de identidades.

Debe aportar, asimismo, su grano a la “pacificación” de nuestra sociedad. Es decir, a lograr un futuro inmediato sin ETA, sin gente amenazada y menos todavía asesinada por pensar o sentir Navarra de forma diferente, sin leyes de excepción, sin ilegalizaciones, sin tortura, que reconozca a las víctimas de ETA y de la guerra sucia, que arregle con generosidad el problema de los presos tras la desaparición de ETA, que logre una reconciliación mínima, hasta donde sea posible entre todas las parte. Ha de coadyuvar a que se cierre este capítulo tan desastroso, a que se abra paso a una sociedad avanzada en democracia, bajo el imperio de los derechos humanos y de valores como la solidaridad, la libertad, el respeto al pluralismo, bajo el rechazo de la fuerza bruta y del autoritarismo como medios ventajistas para obtener objetivos políticos.

Con un fuerte impulso ético. Estando en el poder conjugar ética y política es uno de los retos más difíciles de resolver bien. Porque la tendencia innata de cualquier poder -sea de derechas o de izquierdas- es a la corrupción, al egoísmo particular o para los “nuestros”. Por esta razón, se requiere una lucha permanente contra la corrupción. Por eso –si se accede al gobierno- no puede haber revanchismo contra “los otros” ni gobierno sectario para los nuestros ni privilegios para las nuevas élites que sin duda se van a formar. Hemos de administrar el bien común para todas las personas, para las mayorías y para las gentes más desfavorecidas al margen de su identidad.

La alianzas del cambio. Para sacar adelante este proyecto es imprescindible construir una alternativa con PSN y Na-Bai a la cabeza. Las izquierdas navarras tienen dos almas identitarias. Hay que unirlas en un gran acuerdo. Este planteamiento tiene que ser un compromiso de fondo, para una perspectiva de largo alcance, sincero, sin miradas chatas, en un clima de empatía entre ambos, pensando en esa nueva Navarra. Y ambos polos son necesarios. Es necesario el navarrismo de izquierdas, el PSN en especial, como interlocutor fiable para ese 65-70% de la sociedad navarra que se reivindica de dicha identidad. En las actuales circunstancias de crispación no sería posible gobernar Navarra sin una confianza y seguridad mínimas para esa realidad social ampliamente mayoritaria. Igualmente, es necesaria Na-Bai bajo una orientación integradora y respetuosa con “los otros”. Ninguno de los dos polos puede llevar a cabo por su cuenta el cambio. El primer requisito era ganarle a la derecha en las urnas. Por estrecho margen y con las dificultades señaladas se ha conseguido. El PSN no ha logrado recuperar los porcentajes anteriores a sus crisis por corrupción. Lo cual debilita al conjunto de la alternativa. El pacto de gobierno ha suscitado una ilusión enorme entre amplios sectores de la izquierda y es un acuerdo histórico entre las dos izquierdas navarras. Sería incomprensible que PSN no optara por esta vía. Y sería, igualmente, irresponsable que Na-Bai no facilitara al máximo el acuerdo.

 

Jesús Urra (3-6-07)