Bases para el futuro
2007-06-13

 

Bases para el futuro

 

 

En la campaña electoral hablábamos del tipo de cambio que proponíamos para Navarra, y los resultados electorales confirman todos los adjetivos de ese cambio; tranquilo, novedoso y no revanchista. Novedoso porque se trata de romper la exacerbada separación existente entre las izquierdas navarras durante 30 años, que facilite un cambio que descanse sobre la base de la integración y la cultura común. Y no revanchista porque se trata de construir otra sociedad para una buena y justa convivencia entre todas las formas de sentir Navarra, dejando a un lado el enfrentamiento identitario azuzado por unos y otros en estos años. Entendiendo la convivencia de identidades como un valor, y no como algo coyuntural.  

 

El cambio social es otro de los ejes. Un cambio que asegure el bienestar a la mayoría de la sociedad navarra, definiendo una cartera de servicios públicos que garantizar, y procurando una buena calidad de vida a los sectores más desfavorecidos de la sociedad Navarra.

 

Finalmente esta nueva cultura política que se promueve debe tener como objetivo la consecución de la paz. Después de años de asesinatos, extorsiones, amenazas, torturas y un sinfín de situaciones, a partir de sobre todo el asesinato de cargos públicos se produjo por fin un desprestigio social de la muerte. Ya no es rentable políticamente la violencia, no es admisible el ataque al otro, al adversario político, y esto se dice ya en público sin el temor a que en ese gesto de solidaridad con la víctima en concreto se interprete que hay una adhesión política, y esto es lo que ha cambiado. Pero tenemos que seguir profundizando en un código ético no sectario de solidaridad hacia el sufriente. Anulando la lógica de la solidaridad sólo con los míos, con los de mi identidad que ha operado en los años pasados.

 

Es importante, también el reconocimiento hacia las víctimas, porque esto implica aceptar su sufrimiento, y por lo tanto poner en marcha cuantas medidas faciliten la disminución de ese dolor. Teniendo en cuenta que este reconocimiento, que debe ser amplio y flexible, no implica un aval político a regímenes dictatoriales, a prácticas excluyentes o a proyectos antidemocráticos.

 

En este último comunicado de los enmascarados hijos de Aitor, que viven la realidad a su antojo, que se cubren sus oídos con cañones, que viven tocados por la verdad absoluta, se palpa una literatura victimista exagerada, que ha operado en un discurso legitimador de la violencia demasiadas veces arropado por sectores de la izquierda y del nacionalismo que le dimos un plus de rebeldía a un grupo excluyente, antipluralista, autoritario y con servidumbres militaristas. ETA es el problema, y ETA es quién aplica la ley de partidos más cruel que existe; la pena de muerte por ser de una identidad nacional diferente.

 

Por eso es necesario que predomine un relato que dé cuenta con rigor y con claridad de un pasado y un presente marcado por la vulneración por parte de ETA de los códigos morales y democráticos más elementales. Y también marcado, desde luego, por una larga historia de lucha contra ETA desde los diversos poderes estatales o desde sus cloacas, con actuaciones inmorales e indignas que han minado el estado de derecho, su legitimidad, y su credibilidad.

 

Muchos colectivos, Batzarre entre ellos, no podemos pasar página sin someter a revisión crítica nuestras posiciones del pasado sobre ETA. Ya que, la crítica ha descansado de forma unilateral en la razón política y ha sido pobre en criterios morales o en valores como los derechos humanos fundamentales, el pluralismo ideológico, el respeto al otro y la cultura democrática. Han sido otros quienes han sufrido la agresión de ETA, por nuestra parte no hubo una crítica firme de sus fines y medios, y sobre todo no ha habido históricamente una solidaridad pública con las víctimas de ETA, hasta épocas recientes.

 

Por eso hace falta tener claro que la continuidad de ETA y sus métodos producen desgracias a sus adversarios, en primer lugar, y a ellos mismos. Desde la izquierda no podemos admitir que en nombre de la emancipación se agreda, amenace y asesine. La causa de la izquierda es también la causa del humanismo y la ascendencia moral. ETA debe dejar el futuro político en manos de la sociedad y respetar la voluntad popular. Es necesario también superar de modo inequívoco las vulneraciones de los derechos humanos por parte de algunas instituciones del Estado, porque no todo vale en la lucha contra ETA.

 

Es necesario también hacer partícipe al conjunto de la sociedad, y especialmente a las partes más implicadas en el, ahora lejano, final del conflicto creando un clima de reflexión desprejuiciada, madura, profunda, autocrítica por todas las partes.

 

Quienes han practicado o apoyado la violencia política deben escuchar y dialogar sobre los sufrimientos ocasionados en las víctimas y sus familiares, deben reconocer los daños ocasionados, irreparables en muchos casos e irreversibles en el caso de la muerte. Una actitud constructiva para crear otros contextos de convivencia. Más allá de disquisiciones filosóficas, el reconocimiento del dolor no tiene por qué identificarse (como a menudo se hace) ni con la injusticia, ni con el olvido, ni con la renuncia a los proyectos políticos legítimos, sino que hablamos de un perdón o una actitud cargada de justicia, respeto mutuo, y reconciliación, bases fundamentales para una buena convivencia. No se trataría tanto de un término, sino más bien, de una actitud entendida como la necesidad de cambiar la mirada al pasado para diseñar otros futuros.

 

Es necesario trasladar la sensibilidad necesaria para comprender y entender el dolor ajeno, comunicando que la memoria del sufrimiento no nos habla del "sujeto" o de la "humanidad" en abstracto, sino de la persona en concreto. Evitando utilizar el ser trascendente del "pueblo" o el "orden", para justificar los atentados o las torturas, como sino tuviera que ver también con la crueldad o con la ética ante la vida. Se trata además de evitar que el sufrimiento pasado se use como pasaporte de inmunidad perpetua.

 

A pesar de la ruptura formal de la tregua, porque en realidad se rompió en diciembre con el asesinato de dos ecuatorianos,  se trata de ir abriendo un debate que tendrá que darse, antes o después, e ir fijando las bases ético-políticas para resolver de la mejor manera posible el sufrimiento causado por la violencia política. Son reflexiones que se hacen tras un proceso de crítica y autocrítica sobre ETA, y son unas reflexiones, siempre inacabadas, para un momento de cambio político que posibilite una percepción diferente sobre las víctimas, la violencia, y los fines políticos excluyentes de quienes la ejercen.

 

 

 

Ioseba Eceolaza

Miembro de Batzarre