Te quiero más que a mi vida
2007-11-23

Te quiero más que a mi vida

 

Te vas porque yo quiero que te vayas,
y a la hora que yo quiera te detengo.
Yo sé que mi cariño te hace falta,
aunque quieras o no, yo soy tu dueño.
(Ranchera La media vuelta, José A. Jiménez)

 

Hace un año aproximadamente, coincidiendo con el 25 de Noviembre, día contra la violencia a las mujeres, hicimos una reflexión sobre como impulsar políticas públicas que vayan directas a los sentimientos y las emociones, que permitan terminar con los malos tratos y nos enseñen a tratarnos bien. Y hoy volvemos a rescatar aquel artículo, al que titulamos “trátala bien, no te hagas el loco”, para retomar la reflexión donde la dejamos.

 

Todos sabemos que, las actitudes violentas no surgen así porque sí, sino que detrás, existen pautas de conducta culturales, sociales, religiosas… muy arraigadas en nuestro día a día y que por desgracia hunden sus raíces en una falta de igualdad entre hombres y mujeres. Que no somos capaces de prever ni prevenir este tipo de conductas, que si no nos cuestionamos el modelo de valores que estamos trasmitiendo no nos permitirá avanzar en una transformación más profunda de las actitudes, para asegurar unas relaciones humanas de mayor calidad y felicidad.

 

Somos críticos con algunos aspectos de la Ley Integral contra la Violencia de Género que insiste en el impulso masculino de dominio sobre las mujeres como único factor, como el aspecto determinante para analizar la violencia en las parejas; pero nosotras y nosotros opinamos que no es ciertamente el único y que hay que considerar y repensar sobre otros, como:

Una estructura familiar sexista dónde se convive en desigualdad y que es además un núcleo privado y escasamente permeable que amortigua y/o genera todo tipo de tensiones; Una educación religiosa con su consiguiente mensaje de matrimonio-sacramento-sumisión; Un concepto del amor que mina la autonomía de las personas y por el que todo se sacrifica, tan influyente todavía en las parejas jóvenes; Y frecuentemente una escasa habilidad para la resolución de conflictos, porque no se nos educa ni para compartir ni para resolver de forma no violenta los problemas que van surgiendo en nuestras relaciones personales, ni para pactar el contenido de nuestras relaciones de pareja. Porque no se nos educa para interpretar los sentimientos y emociones, expresarlas, escuchar y comunicarnos eficazmente y por ello muchas personas, también las gentes jóvenes carecemos de un repertorio de actitudes y comportamientos básicos para la vida.

 

Por todo ello creemos que ha llegado el momento de darle mas importancia a la sensibilización como medida preventiva, pero a la sensibilización de chicas y chicos, no vayamos a pensar que un problema se soluciona únicamente con la implicación de un cincuenta por ciento, o por decirlo de otra manera, de media naranja, porque es ahí, donde hunde sus raíces uno de los problemas, pensar, que las parejas son la fusión de medias naranjas. Emplazamos desde aquí a pensar que vivir en pareja no significa renunciar a la autonomía y a parcelas de nuestra intimidad personal, sino compartir aquello que nos apetece de una manera sincera, desde el entendimiento.

 

Por otro lado, también se hace necesario cuestionar los mitos del amor romántico, pensando en princesas, príncipes y castillos como base en las relaciones de pareja, vivir el uno para el otro, basar el amor en renuncias y sacrificios. Pero, ¿no nos damos cuenta que todo esto frustra y puede llevar a no tratarnos bien en nuestras relaciones?. Cuando nos dicen como tenemos que vestir, cuando tenemos la necesidad imperiosa de averiguar donde o con quien está “nuestro amor”, cuando un beso para un amigo desata una reacción de celos o, simplemente una conversación agradable con otra persona es el inicio de una discusión desagradable. ¿Acaso, no es algo precioso buscar y encontrar otras personas con las que compartir momentos buenos y malos?, ¿no resulta enriquecedor buscar afectos más allá de la pareja?, ¿Qué sentido tiene seguir viviendo idílicos cuentos de hadas?, ¿no sería mejor empezar a tratarnos bien?, establecer un diálogo de tú a tú que nos permita conocernos, saber el ritmo que lleva cada uno, resolver conflictos de manera no impositiva. ¡Desterremos pues los mitos del amor romántico, seamos capaces de expresar sentimientos y emociones, escuchar y comunicarnos entre nosotros!

 

Volviendo a la crueldad que nos evoca esta fecha señalada a fuego en el calendario, la cual, hace poner sobre la mesa una realidad que no podemos dejar de mirar, una realidad a la que día a día le ponemos nombres, apellidos, caras…de mujeres, por cierto cada día mas jóvenes, algunas inmigrantes, muy vulnerables y con escasos recursos familiares, económicos, lingüísticos… “invisibles” por indocumentadas o que tienen residencia por vía del reagrupamiento familiar por lo que ni siquiera se atreven a denunciar el maltrato que sufren. Mujeres que siguen engrosando las páginas de los periódicos y ocupando espacios en los telediarios, donde nos cuentan, concretamente hasta el momento de escribir este artículo, que son ya 67 mujeres las que no van a volver a reír, ni a llorar, pero que precisamente esta crueldad, sigue poniendo de manifiesto que las políticas públicas están siendo insuficientes y es necesario reforzar mucho el trabajo con las gentes jóvenes.

 

Quizás, tras estos tres años de implantación de la Ley Integral, es el momento para reflexionar los pros y los contras que está teniendo, con una mirada crítica desde el gobierno y desde las entidades que participan en su revisión, para así, atajar el problema desde donde se lo merece, desde una labor de prevención y educación, pensando en la sociedad que queremos, una sociedad donde prevalezcan valores de igualdad, libertad, autonomía, empatía, respeto… para acordar las relaciones de pareja y acabar con la violencia.

 

Miembros de Batzarre Gaztea

 

Iker Segura

Marisa Marqués

(2007-11-22)