Iluminación navideña, el total es lo que cuenta.
2007-12-14

ILUMINACIÓN NAVIDEÑA, EL TOTAL ES LO QUE CUENTA

 

Milagros Rubio

 

"Las personas de las generaciones futuras tienen derecho a una tierra indemne y no contaminada, incluyendo el derecho a un cielo puro.” (Declaración Universal de los Derechos de las Generaciones Futuras (UNESCO)

           

            El alumbrado navideño contribuye a ensuciar el planeta, genera contaminación lumínica, hace desaparecer las estrellas en las grandes ciudades, y es un gasto energético y económico desproporcionado y notable. Cada ayuntamiento puede intentar eludir sus responsabilidades con un “total, por lo nuestro… si ya tenemos bombillas de bajo consumo y menos horas de encendido…”, pero esto ya nos suena y sabemos la respuesta: “el total es lo que cuenta”. Las instituciones lanzan campañas de concienciación frente al cambio climático e instando a la ciudadanía a implicarse en el necesario ahorro energético. Pero todo esfuerzo institucional en tal dirección se echa por la borda, cuando las propias Administraciones públicas promueven y ejecutan un sinsentido, el derroche por el derroche, con el denominado “encendido navideño”. Tal cuestión, en la actualidad, es ya un ejercicio de irresponsabilidad, y debiera serlo de prevaricación, puesto que se tiene conocimiento de sus negativas consecuencias y, aún así, sigue llevándose a cabo. Llegará el tiempo en el que se adoptarán imprescindibles medidas drásticas de reducción, cuando no de eliminación, respecto a la iluminación navideña. Pero se habrán perdido años de oportunidad para haberlas puesto en práctica, si no se toman ya en consideración las razones que emitimos colectivos ecologistas y personas con sensibilidad medioambiental.

 

            La Ley Foral navarra 10/2005 de ordenación del alumbrado para la protección del medio nocturno, advierte en su exposición de motivos que “... El alumbrado público constituye una parte importante de la demanda energética, y sus instalaciones deben dimensionarse adecuadamente, fomentando la eficiencia energética y el ahorro en el consumo…El consumo responsable de energía debería ser algo consustancial a la educación cívica de la población. En primer lugar porque el actual modelo de consumo energético se basa fundamentalmente en la conversión de recursos naturales no renovables (carbón, petróleo o uranio) en energía, con lo cual, su despilfarro acelerará su agotamiento y privará de su disfrute a las generaciones futuras. Asimismo, porque en los procesos de conversión en energía, transporte y su posterior consumo, se generan residuos que contaminan gravemente el medio ambiente (radioactividad, lluvia acida, contaminación de los mares, contaminación atmosférica por humos tóxicos) y amenazan con alterar el equilibrio climático (efecto invernadero por emisión de C02)”.

 

            Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía, dependiente del Ministerio de Industria, “el alumbrado navideño se enciende semanas antes de Navidad, cuenta con más bombillas (aunque sean de bajo consumo), cada vez en más calles, con más diseño, es más caro y se ha convertido en parte del espectáculo. Los ayuntamientos españoles gastan en alumbrado navideño unos 30 millones de kilowatios por hora, la electricidad que consume un barrio de unas 50.000 viviendas al año. Este gasto supone una emisión de dióxido de carbono, CO2, de 10.000 toneladas”.

 

            Suele justificarse este derroche en base a un supuesto apoyo al comercio local. Con esa lógica, ni una sola calle donde hubiese algún comercio tendría que quedar sin iluminar, de lo contrario se trata a unos comerciantes como ciudadanos de primera y a otros no. Sin embargo, el apoyo al comercio local ha de mostrarse con medidas a lo largo de todo el año, extensivas a los comercios de todas las zonas y barrios. Los gastos originados con motivo de la iluminación navideña, dan de sí  para organizar ese apoyo. Los ayuntamientos, además de promocionar el consumo justo y responsable, podrían acordar con las Asociaciones locales de pequeño comercio, actividades que incluyan ferias, pabellones adecuados, medidas paliativas en caso de obras públicas en sus calles, actividades lúdicas y ludotecas en el entorno, y otras propuestas que animen a la ciudadanía a hacer sus compras habituales en el casco urbano, en sus barrios, y no rutinariamente en las grandes superficies.

 

            Como primer paso de ahorro energético, sería deseable, al menos, que los ayuntamientos ciñesen la iluminación navideña, siempre con bombillas de bajo consumo, al periodo de días entre el 20 de diciembre y el 6 de enero, a un número muy limitado de calles comerciales distribuidas por centro y barrios, y en horario muy reducido. Salvo las vísperas festivas, ¿cuántas personas verán el alumbrado navideño más allá de las once de la noche? Este primer paso tendría que acompañarse de campañas de sensibilización e información ciudadana sobre la contribución del alumbrado navideño al derroche energético, de forma que paulatinamente las medidas puedan ser más drásticas. En las sucesivas conferencias sobre el cambio climático ha habido un reconocimiento unánime de que este cambio está producido por los gases invernadero y que es urgente adoptar medidas para frenar las emisiones a la atmósfera de estas sustancias, siendo una de las más efectivas, la reducción del consumo energético de los países más ricos, entre los que nos encontramos. Advierten los colectivos ecologistas que la iluminación genera un 6% de las emisiones de dióxido de carbono en el estado español. La producción de electricidad constituye una de las principales causas de la destrucción de nuestro medio ambiente, ya que un 48,3% tiene su origen en combustibles fósiles, y el 23,9% proviene de centrales nucleares”. El cambio climático está produciendo un calentamiento del planeta, que a su vez está provocando catástrofes naturales que arrasan países enteros y que amenaza incluso con hacer desaparecer alguno de ellos.

 

            Como afirmaba Ecologistas en Acción, “este tipo de catástrofes provocan verdaderas avalanchas de solidaridad de muchos ciudadanos y de los gobiernos occidentales, que pese a su solidaridad, son muy reacios a frenar la emisión de los gases invernaderos”.

 

            La Navidad, puede vivirse con ilusión, como tiempo de encuentro, como oportunidad de espacio para la solidaridad y para el fomento del comercio justo, derivando hacia ahí las ilusiones que hoy se centran en la iluminación artificial y en el consumo exacerbado. Cada ayuntamiento puede contribuir en esta dirección o en la contraria, porque, ya nos lo recuerda la campaña ministerial, el total es lo que cuenta.

 

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