Una respuesta fuerte (huelga general) a la crisis económica, requiere o la unión sindical o un empuje descomunal desde las bases trabajadoras
Ante la convocatoria de HG por parte de unas organizaciones sindicales (ELA y LAB principalmente y otras como ESK, STEE-EILAS... que representan en Navarra alrededor del 37%), nos parece conveniente exponer una serie de consideraciones.
Primera, es criticable la decisión unilateral de convocar la HG marginando a dos de los principales sindicatos de la comunidad (UGT, CC.OO). Precisamente, las sucesivas huelgas generales –desde la primera realizada de forma organizada (Junio de 1.973) en solidaridad con los trabajadores de Motor Ibérica- si por algo se han caracterizado, han sido por la unidad y la solidaridad, junto a la persecución de unos objetivos concretos. El frentismo sectario (en este caso de corte nacionalista-vasco) es un error muy grave en unas clases trabajadoras heterogéneas en sus sentimientos identitarios, porque debilita la necesaria unión de fuerzas frente a la patronal y porque debilita la necesaria presión a ejercer ante las Administraciones públicas para luchar contra las injusticias sociales.
Segunda, sin embargo, en esta convocatoria hay también una parte de justa rebeldía frente a las graves consecuencias, que la crisis económica provoca entre los sectores más perjudicados de la población trabajadora y en otros sectores populares que la padecen: pequeños empresarios, trabajadores autónomos, etcétera. Por ello, nos parece conveniente animar a participar en las manifestaciones y paros que se realicen conforme a la realidad de cada zona y de cada centro de trabajo. Decimos esto, pues es evidente que la huelga tendrá un seguimiento muy desigual en las diferentes merindades y zonas de Navarra.
Tercera, a pesar de todos los pesares, confiamos en que esta huelga sea un hito positivo en el largo recorrido que tendremos que hacer para defender una política social y solidaria: que defienda el Estado de Bienestar, que ponga en pié unos servicios públicos suficientes y eficaces para el conjunto de la población y unos recursos mínimos para las nuevas personas necesitadas, que corrija a fondo las desigualdades sociales que soporta la parte más débil de nuestra sociedad: parados, jóvenes precarios, inmigrantes, ancianos y ancianas, mujeres discriminadas, personas socialmente excluidas, personas discapacitadas..., que defienda con uñas y dientes a los sectores populares más damnificados por la crisis: ninguna persona sin trabajo o sin una renta suficiente para vivir, ningún desahucio de vivienda por quedarse en paro, más impuestos para las rentas más altas y menos para las personas necesitadas ..., serían, entre otras, algunas de las exigencias mínimas por las que luchar.
Fdo. Manuel Burguete y Jesús Urra, miembros de Batzarre.