ETA: polémicas desafortunadas.
Uno de los éxitos más importantes que ha cosechado ETA en Navarra durante estos días ha sido, sin duda, polarizar la vida y las polémicas públicas. Y encima la controversia gira no en torno a los asesinatos de Mallorca o a los atentados de Burgos, sino en torno a si hay que apoyar o no a las fuerzas de seguridad del estado. Triste conclusión. Todo arranca con la última escalada de ETA con dos muertos, con un atentado en Burgos que podía haber provocado una masacre, que dejará secuelas imborrables en centenares de personas, con el intento de socavar el bienestar económico y social en la población balear sin ninguna justificación...
A juicio de Batzarre los principales criterios con los que debemos analizar y enjuiciar estos hechos son los siguientes:
Primero, solidaridad plena con las víctimas, con sus familiares y amigos, con sus compañeros, con la ciudadanía en general. Sin escatimar esfuerzos, sin reservas, porque les han arrebatado el primer derecho humano y central del que emergen todos los demás: su vida. Y, además, es de los pocos derechos cuya pérdida es irreparable. Solidaridad con toda la gente que de un modo u otro es arbitrariamente perjudicada en sus vidas, en su economía, sin nada que justifique semejantes actuaciones.
Segundo, justicia para con los autores. Es precisa su detención, su juicio, su condena y su castigo. Todo ello de acuerdo a los valores de cualquier estado democrático de derecho; esto es, con el respeto escrupuloso a cualquier persona (incluida la que haya cometido el delito más grave e inhumano: matar) de los derechos humanos; derechos que ETA no ha respetado en los hechos aludidos en ninguna de sus fases. Y esta actuación la tendrán que llevar a la práctica las actuales fuerzas de seguridad del estado conforme a los criterios expuestos.
Tercero, ya que tanto las fuerzas abertzales, como la izquierda radical vasca y navarra hemos fallado estrepitosamente, durante décadas, en el trato humano otorgado a las víctimas provocadas por las acciones de ETA, nuestro esmero en mostrar la solidaridad deberá ser exquisito, sin que provoque la menor duda. E, incluso, si tenemos que ceder posiciones políticas de nuestra parte más de lo razonable -por mostrar la solidaridad inequívoca con sus familiares, amigos o compañeros-, a nuestro juicio, deberemos hacerlo.
Cuarto, deslegitimación social de ETA. Porque vulnera los derechos fundamentales de sus víctimas; porque defiende un proyecto anti-pluralista; porque su práctica es antidemocrática; porque todo esto aun adquiere mayor injusticia en una sociedad como la nuestra: con un alto nivel de derechos y de bienestar para la mayoría social, si lo comparamos con el resto del mundo.
Quinto, crítica firme a Batasuna. Por su inconsecuencia política y moral, pues no rechaza la vulneración de los derechos humanos practicada por ETA. Por su política seguidista con ETA. Esto no nos debe impedir la coincidencia de nuestro voto en situaciones que beneficien a la ciudadanía con los concejales de Batasuna (u otras siglas similares. Pero con un rumbo claro: la defensa de los derechos humanos debe prevalecer sobre otros bienes legítimos si hay contradicción entre ambos y exponiendo con la máxima claridad nuestras diferencias con ellos.
A nuestro juicio en la lucha contra ETA el único límite que ninguna fuerza de izquierdas debe traspasar es el respeto a los derechos humanos.
El problema viene en su aplicación. La polémica se centra en el contenido de las mociones institucionales de condena o reprobación o como queramos llamarles. Creemos que hay acuerdo en condenar los asesinatos, en perseguir y juzgar a los autores y colaboradores respetando los derechos humanos, en solidarizarse sinceramente con las víctimas, en deslegitimar a ETA y en criticar a Batasuna por su silencio ante hechos tan graves.
Sin embargo, una de las polémicas -la habida estos días- se concentra en apoyar o no a las fuerzas de seguridad del estado. Lo primero que conviene es salir de la ambigüedad que se transmite en la polémica. ¿Hay acuerdo en que son las actuales fuerzas de seguridad quienes deben ejecutar estas acciones o, en caso contrario, nadie lo hará y en consecuencia los autores quedaran libres e impunes? Parece razonable pensar que en esto hay acuerdo; en todo caso habrá que exigir el respeto a los derechos humanos.
Y ya a partir de aquí es legítima cualquier posición sobre cómo se deben constituir, organizar, reformar, etcétera las susodichas fuerzas de seguridad: guardia civil, policía nacional, ertzantza, policía foral, etc. Parece también evidente que no es el momento adecuado de poner este debate en primer plano, cuando lo que hay encima de la mesa son dos ciudadanos asesinados con total y absoluta gratuidad, unas familias destrozadas y una sociedad indignada por estos hechos. Esto es lo que indica el sentido común. Esto es lo que cada vez reclama con mayor exigencia la sociedad navarra: no más asesinatos. Si ETA persiste en los asesinatos y demás acciones (y tiene capacidad para hacerlo), este clamor de la sociedad va a ser mucho más potente. Y nos parece muy bien, pues es absolutamente intolerable matar a nadie por nada y menos, si cabe, por pensar diferente o por llevar un uniforme.
Desde Batzarre en el seno de Na-Bai hemos defendido esto con un añadido: si la derecha plantea el apoyo a las fuerzas de seguridad del estado en términos que pueden dar a entender que se suscribe el actual modelo existente, intentaremos hacerles ver su error y, sobre todo, exigiremos el respeto a los derechos humanos. Pero si hay que elegir entre aparecer ante la opinión pública como una fuerza que no condena el asesinato, que no nos solidarizamos con las víctimas, que avalamos estas barbaridades... o aparecer como suscribientes del actual modelo de seguridad, aparezcamos con las víctimas suscribiendo posiciones que podemos no compartir en todos sus extremos. Porque en estos momentos es lo central, porque son víctimas por pensar diferente, porque en ocasiones las víctimas no comparten nuestro ideario y piensan de manera diferente a la nuestra, porque ETA, de modo calculado, elige a sus víctimas entre las gentes de la otra identidad, porque en el pasado no hemos estado a la altura de las circunstancias. Y tiempo habrá, en otro contexto, de defender con toda legitimidad el modelo de fuerzas de seguridad para la ciudadanía que pregonamos (donde también puede haber diferentes enfoques en la propia Na-Bai). Pero ahora lo principal es la solidaridad con quienes sufren, estar con el dolor de las víctimas eso es lo importante.