Navarra se trans-forma

 

 

Navarra ha sido la primera comunidad donde se va a debatir un Ley Integral sobre transexualidad. Así nos hemos convertido ya en referentes de la lucha por los derechos de las personas transexuales, de hecho la asociación andaluza de transexuales ha remitido ya el proyecto de ley, aquí presentado, al parlamento andaluz para su estudio.

 

Esta Ley, cuyo origen está en la acción social de Batzarre, abre camino, y por eso mismo ya su sola presentación es un éxito, porque pone encima de la mesa un debate necesario y que cuestiona varios aspectos de la rigidez de algunos planteamientos morales.

 

Hasta ahora sólo existía la Ley del 15 de marzo que aprobó el Congreso de los Diputados en 2007, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas. Con esta Ley se vino a regular de forma expresa dos circunstancias personales como son la transexualidad y la identidad de género y una condición como es la del sexo de la persona, que están estrechamente vinculadas a los derechos, al libre desarrollo de la personalidad, a la dignidad y a la intimidad, tradicionalmente presentes tanto en el Derecho civil navarro como en el resto de los Derechos civiles del Estado español. En todo caso esta Ley ha sido positiva pero parcial porque sólo ha regulado el cambio de la inscripción relativa al sexo de la persona en el Registro Civil.

 

Otras comunidades autónomas ya están legislando sobre el tema aún que también de manera parcial, ya que admiten los derechos médicos de las personas transexuales, por eso está claro que las comunidades autónomas tienen competencias sobre las cuestiones que concreta esta Ley. Hay tres grupos dentro de las comunidades autónomas; las que hacen y pagan las operaciones que son Andalucía y Madrid, las que no hacen operaciones pero las financian que son Extremadura, País Vasco, Aragón y Asturias, y las que dentro de poco las financiaran como Valencia y Baleares. Como se ve algunas de estas comunidades autónomas están gobernadas por el PP.

 

Lo que aporta de novedoso esta Ley es que recoge en un texto normativo un abanico amplio de medidas de toda índole para lograr no sólo que las personas transexuales tengan sus derechos sociales y médicos garantizados, sino también para que desde la administración pública se pongan en marcha programas para socializar un discurso y unas actitudes basadas en la tolerancia y la empatía. Así la Ley tiene en cuenta la discriminación positiva en un colectivo que sufre el 90 % de paro, o medidas educativas y de formación al personal que trabajan en la cárcel, agentes de policía o personas de la judicatura y de los registros civiles.

 

Por lo tanto, si ya hay para otros colectivos derechos médicos, si ya se regulan programas específicos de discriminación positiva en el mundo laboral para sectores excluidos socialmente, si ya se trabajan algunas perspectivas sexuales desde la tolerancia, ya sólo quedan los prejuicios en las opiniones contrarias a esta ley.

 

Esta Ley trabajada desde mayo del 2008 es sólo la expresión institucional de una lucha social llevada a cabo por las organizaciones de personas transexuales. Con esta Ley pretendemos colmar las aspiraciones de este colectivo, tantas veces rechazado, tantas veces denostado.

 

La transexualidad, supone la existencia de disonancia entre el sexo morfológico y la identidad de género sentida por la persona,  se relaciona, por lo tanto, con un concepto del sexo no puramente biológico sino sobre todo psicosocial, reconociendo que en último extremo imperan en la persona las características psicológicas que dan configuración a su forma de ser, y dando a la mente y al espíritu humano el predominio sobre cualquier otra consideración física, son personas que buscan adaptar su apariencia física externa al sexo que sienten como propio.

 

En este sentido las dificultades son incontables y el sufrimiento de ese proceso es considerable. Cualquier esfuerzo normativo debe facilitar ese proceso permitiendo, con los menores traumas posibles, la progresiva adaptación de la persona y el desarrollo completo de sus potencialidades humanas.

 

Es una Ley que da forma a  la ilusiones, a las reivindicaciones sociales. Representa una conquista de libertades y derechos, normativa que permitirá a tantas personas llegar a ser los hombres y mujeres que quieren y merecen ser, por tanto, facilitará la reasignación sexual, la transformación física, de aquellos/as que así lo decidan para la  vivencia plena de su identidad de género, además de la transformación social que conlleva  dignificar una realidad. Ser capaces de valorar la diversidad, la capacidad creadora del ser humano, la poética de construirse desde la sensibilidad para vivirse ante el mundo tal y como palpita nuestro interior.

 

La transexualidad nos demuestra que es necesario transmitir un discurso contra las imposiciones morales, no sólo entorno a la orientación sexual sino también hacia la identidad de género. La construcción de la identidad supone un ejercicio de autonomía y madurez personal, por eso las personas transexuales ponen delante de nuestro ojos el significado, sobre todo, social del ser humano supone además construirse desde los ojos de una o uno mismo, y no desde la mirada de los demás.

 

Es necesario no frivolizar con este asunto, no importa si son pocas o muchas las personas transexuales, lo que importa es que estas personas sufren una presión social, laboral y de toda índole que es necesario atender, porque en definitiva es más caro no abordar este asunto que hacerlo, porque el sistema sanitario navarro ya tiene que tratar algunas de las cuestiones negativas derivadas de la no regulación, como la automedicación y las depresiones.

 

La transexualidad se rebela ante el determinismo, le da un puntapié al monolitismo, se ríe de lo aparente y nos deja ante los ojos la lucha por el querer ser.

 

Este es un asunto de esos en los que está en juego algo más que el hecho concreto, queremos que Navarra en los derechos sociales, avance o se quede anclado, queremos que mire al futuro o al pasado. Ese es uno de los debates de fondo. Porque la derecha siempre se ha resistido a los cambios sociales, se opuso a la ley del divorcio, se opuso al ecologismo de los 80, se opuso a la insumisión, se opone a la memoria histórica, se opone al derecho a la Interrupción Voluntaria del Embarazo y se opone a los matrimonios entre personas del mismo sexo. Con ellos Navarra no avanza en los derechos sociales, con la izquierda Navarra se trans-forma.