Cambiar las mentalidades

Cambiar las mentalidades

 

Feli Otegui – Iñigo Rudi

 

Hoy, que vivimos en una sociedad con aparente clima de satisfacción general, perviven casos de violencia contra las mujeres que ponen los pelos de punta. Han pasado muchos años desde que el movimiento feminista y la gente progresista del país abanderó aquello de que “lo personal es político” y así salió a la luz un problema muy grave por sus dimensiones y por el ámbito privado en el que se produce, que afecta en la mayoría de las ocasiones a las relaciones familiares y de  pareja, y que resulta muy  importante para los sentimientos, afectos y seguridad de las personas, que atenta contra derechos humanos básicos: a la vida, a la integridad personal, a la libertad y a poder vivir en paz. Es, por tanto, un problema de toda la sociedad  que solo con su implicación y con un cambio de mentalidades podrá resolverse.

 

Era la transición democrática y el movimiento feminista, haciéndose oír, ganó a muchas personas para su causa. Supuso también, que instituciones del Estado, en sus muchos niveles, recogieron algunas de las demandas y promovieran leyes para modificar situaciones de desigualdad y dominación entre hombres y mujeres. Ayudó además a llevar al terreno del debate y de la actuación pública cuestiones que durante muchos años han sido considerados asuntos privados como el maltrato a las mujeres.

 

Y aquí estamos, porque en la calle persiste el debate, y se vislumbran cuando menos dos filosofías para abordar este problema tan complejo. El gobierno está optando por endurecer las leyes y tiene para ello el respaldo de sectores del feminismo que en la cuestión de los malos tratos (también llamada violencia doméstica o violencia de género) solicitan más castigos, más condenas, más cárcel, más penas, hacer públicos los nombres de los maltratadores, colgar nombres y fotos en la Red... Se contribuye así a una mengua de las libertades y se abona el camino para que sigan avanzando las políticas penalistas y retrocedan las de reinserción, ya extremadamente cutres y exiguas (salvo en alguna comunidad dónde se han puesto más medios y la experiencia es positiva).

 

En todo caso las personas que sufren situaciones de maltrato requieren de protección y de derechos de reparación para emprender un nuevo proyecto de vida y nos parece muy importante trabajar por reforzar la autonomía de las mujeres e invertir en la reeducación y en la mediación.

 

Sabemos que no es fácil tener una mirada compleja del problema, los conflictos son parte de la vida, y no es fácil aprender a gestionarlos, ensayando medidas y políticas que vayan al fondo buscando unas relaciones igualitarias en la sociedad. Estos cambios son a medio plazo y hemos de destinar recursos económicos y humanos en educación, para aprender a negociar los conflictos, a buscar soluciones no violentas, a reconocer las relaciones lesivas y dañinas, aprender a comunicar nuestros sentimientos y emociones –los positivos y los negativos– y a controlar aquellos impulsos inadecuados.

 

 

 

Mantenemos diferencias con el enfoque de la Ley Integral contra la Violencia de Género y la Reforma del Código Civil en materia de Separación y Divorcio, porque parten de una visión simplificadora de lo que es ser hombre o mujer, y presentan  la dicotomía “hombres maltratadores- mujeres víctimas” que es un mal enfoque del conflicto; no hay hombres maltratadores y mujeres maltratadas, como si de una condición o categoría de personas se tratara. Existe la conducta, el maltrato y hay personas que maltratan o han maltratado. Creemos que las causas hay que buscarlas en factores sociales, sigue pesando mucho el sexismo y la idea de superioridad de los hombres sobre las mujeres, unidos a características personales y circunstancias particulares de los individuos que maltratan o abusan sexualmente de sus parejas. 

 

Nos parece que se deberían distinguir  los tipos de maltrato o agresión sexual sufridos, porque valorar la gravedad de éstos, la duración, el deterioro físico y psicológico ocasionado en la persona agredida es importante. Porque no todo es igual, aunque todo sea reprobable. Porque no tienen los mismos efectos y no pueden tener el mismo tratamiento. No es lo mismo un empujón o una bofetada que una situación sostenida de dominación y maltrato. Y otra cosa, tampoco estamos de acuerdo en prohibir la mediación como lo hace la LOVG en todos los casos que haya habido violencia y nos parece un error obligar a la mujer a denunciar si quiere acceder a los recursos de ayuda… (En Navarra no se obliga y funciona mejor). Se están colapsando los juzgados por ir a mogollón y tener que acoger desde insultos a denuncias dónde peligra la integridad personal, sin selección y evaluación previa (deberían resolverse con Mediación muchos mas conflictos), y ello resta efectividad a la protección de las mujeres que  realmente lo necesitan. Queremos llamar la atención sobre los pocos recursos de atención para mujeres que viven en la comarca de Pamplona. Las mujeres de los pueblos son las más desprotegidas.

 

Por todo ello pensamos que va siendo hora de analizar si la Ley está siendo efectiva… y extraer cuales son sus inconvenientes principales para mejorarla. Ver si está sirviendo para reforzar la autonomía de las mujeres y sus nuevos proyectos de vida o no. O en referencia al hombre que maltrata, evaluar si el número desciende y posibilidades de su reeducación.

 

Es obvio que el problema de la violencia es complejo, pero no podemos dejarlo en manos de las leyes y de las reformas penales que las endurecen. La solución no está en ese frenesí legislativo-punitivo por más que cuente con amplio consenso social y sea rentable electoralmente, aunque sea a costa de instrumentalizar a las mujeres. La solución no es enmascarar los problemas sociales y reducirlos a una tipificación penal.

 

Además de destinar todos los recursos necesarios para ayudar a las víctimas a reconstruir su vida, hay que invertir sobretodo en prevención, de lo contrario el problema seguirá reproduciéndose sin vías de solución. Y en este aspecto, la inversión en educación es prioritaria para un cambio en las mentalidades.

 

 

 

Pamplona 26 de noviembre de 2009