14 de Abril. Valores para el cambio

14 de Abril. Valores para el cambio

 

Ioseba Eceolaza

( 14 - 04 - 2007 )

 

Una mano divina

Tu tierra alzó en mi cuerpo

Y allí la voz dispuso

Que hablase tu silencio.

Luis Cernuda

 

José Mari, nos has dejado pronto, demasiado pronto, aún quedaban muchos 14 de abriles que celebrar en Tudela, aún quedan muchas banderas republicanas que alzar, pero de todas ellas la de este año cobra especial relevancia. Lucero en este fango de la política, amigo José Mari, hasta siempre.

En este florido abril del cambio climático algunos temen perder su asiento y andan gastando dinero público en manifestaciones y campañas publicitarias que aclaren, poco, su rostro de furia y plomo. Recuperan las sábanas blancas de sus antiguos fantasmas, ya cansados, para evitar el oxígeno fresco.

Mientras, los republicanos y republicanas recordamos orgullosos que la Segunda República Española, que ganó dos elecciones, marcó un hito a favor del desarrollo de la sociedad en muchos sentidos. Nosotros ofrecemos ese bagaje, el bagaje de los esfuerzos por universalizar los derechos a través de la cultura, la lucha por un reparto más justo de la tierra, por la igualdad, a favor de los más desfavorecidos, y en definitiva el bagaje de una sociedad en la que se construya entre todos y todas una cultura pública común.

Por eso el único cambio posible y necesario es el cambio desde la izquierda, con los valores republicanos como bandera. Un cambio que deseche el gobierno para los míos y trabaje en favor de un amplio contrato social, un acuerdo que apunte hacia el laicismo en lo nacional y deseche el enfrentamiento identitario, con una visión incluyente. Cultivando una cultura política donde lo nacional sí sea importante, pero no el termómetro del conflicto de la sociedad. Un cambio republicano que le quite los lacitos a las princesas de palacio que creen que pueden deshacer a su antojo un ayuntamiento y su patrimonio.

El espacio republicano, además, resulta uno de los contextos mejores para entrenar una mejor relación entre las diferentes izquierdas de Navarra. Tras años en los que la separación entre éstas ha sido demasiado grande, artificial a veces, exagerada las muchas, es necesario construir contextos comunes de relación, de militancia; en definitiva, de reflexión y activismo.

Renovamos los valores republicanos día a día, en la lucha por los derechos de los inmigrantes, en las protestas contra la precariedad, en defensa del medio ambiente o del derecho a una vivienda digna y asequible.

Por eso los republicanos de hoy necesitamos combinar lo viejo y lo nuevo con una actitud precavida, incluso en algunos aspectos crítica, con el periodo republicano, tenemos que repensar una izquierda consciente de sus limitaciones, que no mire con desdén y frustración los cambios generacionales producidos. Una izquierda para el cambio debe ser una izquierda que recoja los elementos más positivos de ésta, en ruptura con los elementos negativos de la izquierda clásica (dogmatismo, tendencia al dramatismo, actitud poco crítica con el pasado, pensamiento binario, etc...) que no ayudan a construir un humanismo crítico, ni una visión real de lo que acontece.

Una izquierda que sea capaz de fijar un código ético de cómo estar en política, que sea autoexigente con los casos de corrupción y, sobre todo, que valore la actividad política como una forma de cambiar la sociedad también a largo plazo, siendo conscientes además de que deberemos actuar en un camino de ida y vuelta para abrir la política institucional a la sociedad, porque la mayoría de los grandes cambios sociales han sido impulsados primero por la sociedad, y luego ratificados por las instituciones.

En ese cambio desde la izquierda y el republi-canismo debemos incidir también en la crítica contundente y constante hacia la monarquía como sistema de gobierno. Porque todas las monarquías, las más cerradas y las menos, están en contra de los principios que definen y construyen buena parte de los cimientos de los sistemas democráticos: son una expresión de la desigualdad de oportunidades entre las personas. Reinan por herencia, no porque nadie las elija para ello.

El sistema monárquico en sí es injusto por su propia naturaleza, que discrimina a las personas en función de su linaje. Todas las monarquías, las más abiertas y las menos, las más modernas y las más atrasadas, las de Occidente y las de Oriente, las parlamentarias y las no, las de sonrisa airada y las del sable, sobran.

La Segunda República fue un momento excepcional aniquilado por el poder, primero por las armas, luego por el olvido. Por eso es necesario recordar para renovar.

De ahí también que sea necesario reivindicar el enorme legado dejado por unos y otras. Por eso todos los 6 de julio nos sentimos mozos de la peña La Veleta y hacemos sonar nuestros instrumentos. Estuvimos en el Stambrook, en el puerto de Alicante, viendo cómo los democráticos aliados no recogían a los perseguidos, en el siglo XIX fuimos esclavos, mujeres al principio del XX, maquis al terminar la Guerra Civil y republicanos siempre. Esquivaremos la bala que asesinó a Miguel Labat a las puertas de la cárcel de Pamplona. Tomaremos asiento en ese lugar que debió ocupar Machado en la Real Academia para siempre, votaremos a favor de las mociones sociales de Corpus Dorronsoro, volveremos a veranear en Cadaqués como tendría que haberlo hecho Lorca, pasearemos por Villafranca con Julia Álvarez, soñaremos con el puerto de Santa María y pasaremos a ver al cónsul chileno. Nos apoyamos en la madre de los Eguía para alzar nuestra voz contra el olvido. Editaremos la revista Gallo otra vez e iremos al Rinconcillo a debatir entre humo y jarras de agua de la Alpujarra y, cómo no, volaremos con Maravillas Lamberto, la florecica de Larraga, hasta su camastro arrebatado. Nos sentimos parte de los acordes del trovador del Olympia, que canta los versos de los poetas asesinados y exiliados para eterna maldición de sus verdugos.

Por eso, hoy, 14 de abril, a las 12 del mediodía nos juntaremos todos y todas en la Vuelta del Castillo, para repetir la catarsis de la memoria histórica del año pasado, por los olvidados que en Pamplona son. Para recordarles a los que se tapan los oídos que las 3.280 personas fusiladas en Navarra no fueron a ningún frente, ni se alistaron en ningún bando, que no, que aquí no hubo frente de guerra y que aún andamos caminando por las cunetas para recuperar sus restos y sacar los colores a los que nos dicen que es mejor olvidar. Y nos juntaremos para repetir lo del año pasado, para traerles a los familiares todos los recuerdos de infancia, todas las miradas cómplices, los abrazos sentidos y los saludos comprometidos, porque se lo merecen les diremos que somos muchos los que estamos con ellos, y entonces les agradeceremos el coraje y la dignidad que han tenido al guardar su memoria.

 

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