Prejuicios sobre Latinoamérica
José Ignacio Lacasta-Zabalza*
Hace poco Xavi Larrañaga criticaba desde su columna, con agudeza, el tópico que se esconde tras la denominación de empresas españolas en América latina. Porque haberlas las hay y, se debe añadir, que de todas las clases. Desde las que dan trabajo y son bien vistas por la población hasta
El Gobierno del PSOE haría bien en saber lo que piensan las sociedades civiles de esos países latinoamericanos de las inversiones españolas. Porque no basta la afirmación de Rodríguez Zapatero en la última y sonada Cumbre Iberoamericana sobre la voluntad de quedarse (“para quedarse”, dijo) de las citadas empresas. Donde no valen los lugares comunes que -en esto tiene razón Larrañaga- generalicen, como si constituyeran una sola y patriótica fábrica, las variadas actuaciones del capital español en Latinoamérica.
No parece desmesurado sostener que, en no pocos países latinoamericanos, la imagen que España tiene hoy allí es doble: por un lado, la del apoyo a nobles y necesarias iniciativas económicas (educación o sanidad, por poner dos ejemplos bien concretos) y, por otro, la de la descarnada explotación de las materias primas (energías diversas), la discutida acción crediticia de los principales bancos o el control de los medios fundamentales para subsistir (agua y electricidad).
Pero donde los clichés se apoderan hoy completamente de lo que se dice y escribe, a través de los medios de comunicación españoles, es sobre todo en lo tocante a Chávez y Venezuela. Los periódicos de la derecha ya han encontrado su Satán primordial en el militar venezolano, pero diarios como El País también actúan del mismo o parecido modo. Y ninguno de ellos ha explicado con claridad todavía si hubo o no implicaciones españolas en el golpe de Estado contra Chávez; ni eso, ni la salutación entusiasta de Urdaci desde su entonces púlpito de
No me agradan los modos de Chávez ni su retórica, bien lejos de las mínimas pautas de racionalidad que han de regir toda acción política. Pero los hay en Europa que se agarran como lapas a la denuncia de esas formas para ocultar acciones tan innobles como las de simpatizar con un golpe de Estado en Venezuela dirigido, no hay que olvidarlo, contra un poder político surgido del legítimo ejercicio del sufragio universal.
Es bien sabido que Mario Vargas Llosa es un fenomenal escritor. Incluso tiene virtudes ideológicas como su denuncia del fascismo y del franquismo, lo que puede leerse en su genial
Aunque Vargas Llosa se transfigura en otro ser si se habla de la justicia social. En esta materia, ha hecho de Adam Smith y su mano invisible, del mercado mundial y su proceder, una especie de Biblia que dirige todos sus pensamientos sociales. No quiere darse cuenta de algo bien sencillo: que Keynes es muy posterior en el tiempo a Adam Smith y que el Estado social es lo moderno frente a la antigualla del capitalismo sin límites ni fronteras que hoy padece nuestro planeta.
No son tan diferentes las visiones de Vargas Llosa –que me perdone- y las de Karl Marx. Ambos comparten la misma animadversión hacia el Estado y la misma boca abierta ante la fuerza del capitalismo internacional. Sólo que Marx formulaba sus ideas en el siglo XIX y… estamos ya en el siglo XXI.
Vargas Llosa ha aplaudido a Juan Carlos I en su ya célebre acción en
Para Vargas Llosa en Latinoamérica hay un Tercer Mundo encarnado por Chávez, Ortega y Evo Morales. Destaca la falta de educación –que lo es- de Chávez por interrumpir a quienes estaban –Rodríguez Zapatero- en el uso de palabra. Pero el escritor peruano se concede a sí mismo el empleo del insulto y del desprecio hacia esos dirigentes. Y El País se permite ilustrar el artículo de Vargas Llosa con el dibujo de un Juan Carlos I vestido de torero y llevado a hombros por un paisano que luce en su camiseta el maleducado ¿Por qué no te callas? Vamos, todo un despropósito y una seria falta de elemental decoro. Y, a lo que estamos, toda una exhibición de prejuicios sobre Latinoamérica.
Recientemente ha tenido lugar un referéndum en Venezuela del que han salido derrotadas las propuestas de Chávez. No pocos medios españoles han atribuido el resultado a una victoria de la oposición política. Se equivocan, porque el rechazo social ha provenido incluso de sectores afines al chavismo como el del general Baduel, cuyo papel fue decisivo para derrotar el golpe del 2002.
Se pueden hacer muchas críticas al planteamiento de la reforma propuesta por Chávez. Por todas, y las suscribo en su mayoría, las expuestas en Internet el pasado día 3 por los profesores de Derecho Constitucional de
Chávez el venezolano ha aceptado los resultados adversos. Ironía costeña aparte (“victoria chiquitica”) y fuera de sus consabidos excesos verbales, estuvo mucho más elegante que quienes ya se habían aprestado a hablar de fraude electoral. Ahora le falta resolver los verdaderos problemas venezolanos: la inseguridad, el crimen y el delito, la corrupción, la inflación, el desempleo, etcétera. Ojalá sea así y que cesen pronto los prejuicios y las falsas polémicas.
*Catedrático de Filosofía del Derecho.