África, hijos de la ruta del dolor

ÁFRICA, HIJOS DE LA RUTA DEL DOLOR

 

            Durante unos días, su muerte ha ocupado algunos titulares y unos cuantos minutos de pantalla. Enseguida, serán tan sólo uno más de los silencios, de los muertos sin rostro ni nombre, de los ausentes de ninguna parte. Los bebés que nacieron y murieron nadando contracorriente, son hijos de la ruta del dolor, de madres que ahogarán su pena en llanto marítimo.

 

            El drama de la inmigración afecta a todos los continentes, pero por la especial tragedia de los últimos días, me centraré en África. En su informe “Derechos Humanos en la Frontera Sur 2007”, cuya lectura recomiendo encarecidamente (www.apdha.org), la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía  levanta su voz contra el olvido y ofrece datos escalofriantes. Si en lo que llevamos de año ya se ha contabilizado que 235 personas africanas han perdido la vida intentando alcanzar las costas españolas, en el 2007 según datos del Ministerio del Interior, alrededor de 1.000 personas se han ahogado entre la costa de África y la de Canarias. La Asociación Marroquí de Comunicación estima que los cálculos reales entre enero y julio de 2007 dan el resultado de 3.000 personas muertas en el mar en tales circunstancias. Los viajes de los inmigrantes irregulares cada vez son más largos y arriesgados debido a los férreos controles de fronteras. El control de migraciones no disuade a quienes han decidido emigrar, sino que, como dice SOS Racismo, sólo consigue una inmigración cada vez más clandestinizada. Los balances gubernamentales sobre inmigración ignoran el padecimiento de los seres humanos condenados a la nada. El trato a los extranjeros en la Grecia clásica, no era peor que la falta de derechos o la condena a muerte en el Estrecho que sufre la inmigración africana por las decisiones de la Europa de hoy. Los más pobres de los pobres no tienen fuerza para emprender la interminable ruta ni para afrontar el sinfín de dificultades que les esperan. La decisión la toman jóvenes cultos en su mayoría, que se resisten a presenciar impasibles la condena a la que el mundo empobrecido les somete. Pretenden beneficiarse de un sistema del que son víctimas. Emigran para vivir mejor.

 

            Esta es la política española y europea para la inmigración: leyes de extranjería, triples alambradas, centros de internamiento, repatriaciones, patrullajes, aviones, Frontex, Rabits, Directiva de la vergüenza… El 2007 el Frontex (control de fronteras marítimas) recibió una financiación de 35 millones de euros. Este año contará con más de 70. Además, la UE contribuye con otros 87 millones de euros para financiar patrullas y vuelos de repatriación. Amnistía Internacional califica algunas cláusulas del denominado Plan África como “comercio de seres humanos”. El protocolo de expulsiones ha sido rechazado por todas las ONG como un auténtico atentado a la dignidad de las personas. Las personas inmigrantes son tratadas como criminales. Los menores no acompañados, también son criminalizados. Si el PP proponía un vejatorio contrato de integración, el voto del PSOE se ha sumado al de la extrema derecha europea en la Directiva de la vergüenza, contra el voto del propio Grupo Socialista en el Parlamento Europeo. Hay que unirle ahora la aprobación del Pacto Europeo de Inmigración. Como afirma APDH, existe un vínculo entre el discurso y políticas públicas, y el racismo. Se alienta el imaginario de la invasión y se criminaliza al inmigrante.

 

            África es rica en recursos: gas, petróleo, minerales preciosos, minerales estratégicos…, pero está expoliada por el Norte que le cierra las puertas de su búnker. La apropiación de sus recursos por el Primer Mundo (primero, a costa de un tercero), y la corrupción de algunos gobiernos sostenidos a menudo por los que fueron sus colonizadores, impide su crecimiento. África carece de soberanía económica y alimentaria. Por eso es también rica en pobres: el país más pobre del mundo, Níger, está en África (puesto 177 frente al 19 que ocupa España), la media de vida es de 45,6 años frente a los 78,9 de la UE. Es rica en conflictos y persecuciones: Darfur, Sudán, Somalia, Chad, Congo Este, Kenia… Ante esta situación, la salida de jóvenes mujeres y hombres africanos, es un grito de rebeldía que se ahoga a menudo en el fondo del mar.

 

            Y aquí, ¿qué haremos mientras nacen criaturas condenadas a muerte en su ruta hacia nuestro paraíso? El silencio es cómplice de Directivas europeas de la vergüenza, leyes de extranjería, alambradas, Frontex, Rábit y cuantos artilugios obligan a las personas inmigrantes a tomar rutas clandestinas en su anhelo por rozar el mundo privilegiado del que nos hemos dotado. Se pretende penalizar también la solidaridad, no hay más que recordar el envío a prisión en Italia en agosto del año pasado de los pescadores tunecinos que salvaron de ahogarse a 44 personas,  o de la inculpación en Francia de quienes distribuían comida o albergaban exiliados; en Marruecos, no es raro que conductores de autocares se nieguen a admitir africanos por temor a ser inculpados. Pero la solidaridad es cuestión de supervivencia moral. Sin ella se nos muere el alma y ser de izquierdas no significa nada. En la Europa de hoy, la izquierda se mide por la solidaridad y en buena medida por su actitud hacia la inmigración. Cobra vigor el poema de Benedetti:

 

“Si cuarenta mil niños sucumben diariamente

en el purgatorio del hambre y de la sed

si la tortura de los pobres cuerpos

envilece una a una a las almas

y si el poder se ufana de sus cuarentenas

o si los pobres de solemnidad

son cada vez menos solemnes y más pobres

ya es bastante grave

que un solo hombre

o una sola mujer

contemplen distraídos el horizonte neutro

pero en cambio es atroz

sencillamente atroz

si es la humanidad la que se encoge de hombros”.

 

Fdo: Milagros Rubio

Miembro de BATZARRE y concejala de NABAI en el Ayuntamiento de Tudela

 

14 de julio de 2008