Vasquismo y convivencia

 

 Vasquismo y convivencia

 

Ioseba Eceolaza

Parlamentario de Nafarroa Bai y miembro de Batzarre

( 29 - 08 - 2007 )

 

 

             Los cambios sociales obligan a repensar las propuestas políticas, a tener una actitud abierta y realista ante los nuevos retos de una sociedad dinámica y compleja como la nuestra. Lo que antes era una certeza, ahora ya lo no lo es tanto. Lo que para nosotros era un paradigma incuestionable, es para los otros una propuesta inviable. Merece la pena, entonces, no agarrarse a tradiciones o fórmulas del pasado que para nada resuelven los problemas a los que tenemos que hacer frente, y mirar al futuro con vocación integradora. Haciendo un esfuerzo, primero por desechar los peores mitos de nuestras lealtades nacionales, y segundo haciendo lo posible para construir elementos para la convivencia

 

            Y es que el debate sobre la pluralidad identitaria de navarra ha cogido un nuevo impulso en este contexto postelectoral. Por eso considero central y conveniente seguir con estos asuntos.

 

            Es necesario, por lo tanto fijar unas bases nuevas que dejen a un lado una visión excesivamente frentista. Es decir, la diferencia identitaria no debe entenderse siempre como un conflicto de suma cero, hay ámbitos de colaboración, la clave es hacer de estos algo estable.

 

            Los vasquistas creemos que en la práctica identitaria no es tanto el foso, a veces es una diferenciación más estética o retórica que de fondo, en principio porque los navarros compartimos hitos culturales importantes que hacen posible combinar la cultura dominante demostrada en las numerosas consultas electorales, con una cultura política pública y republicana que reconozca la diversidad y respete los símbolos de las diferentes identidades.

 

            Las voluntades particulares no siempre conllevan conflicto si existe una voluntad pública y republicana, es decir, si existe el profundo convencimiento de que el arte del consenso y del buen gobierno supone la inclusión y el reconocimiento de esa misma pluralidad, consustancial a toda sociedad y grupo humano. Necesitamos romper las barreras físicas, pero también las mentales.

 

            Por eso UPN no puede seguir utilizando la triada seguridad, amenaza y miedo para construir sus postulados políticos. UPN busca su seguridad, la de los suyos, en base a las amenazas exteriores inventadas, o por lo menos exageradas. Apelar a la voluntad del conjunto de la sociedad navarra como principio constituyente de su identidad resulta incongruente con un movimiento cuyo proyecto político se sustenta, precisamente, sobre el principio de exclusión de una parte de la sociedad. Por cierto, tampoco, se puede trasladar un imaginario colectivo de opresión cuando ni existe tal opresión, ni existe homogeneidad en el pueblo que se dice representar.

 

            Necesitamos, entonces, propugnar el cambio y el autocambio, en definitiva caminar hacia el laicismo nacional. Exigir que UPN reconozca la legitimidad de las reivindicaciones vasquistas es una obligación política, pero también lo es secularizar algunos de nuestros postulados.

 

            La sociedad actual ha sido etiquetada como una sociedad secularizada, en la que la religión o las ideologías completas (el marxismo por ejemplo), que tenían respuesta y solución para todo, dejan de tener autoridad moral absoluta. En estos términos, entre otros, es donde tiene lógica plantear el cambio y el autocambio.

 

            El ideal moderno de libertad y autonomía resulta incompatible con una aceptación acrítica de la tradición, de los fueros, de la mitología o de los fantasmas creados ad hoc con un sentido exclusivamente electoral. Tiene que producirse, como he apuntado, una secularización dentro de la construcción identitaria, desechando los mitos que construyen una historia llena de paraísos y agravios.

 

            No trato de revolucionar ahora el mundo de los ritos, sino de cambiar el imaginario colectivo de la diferencia. Las identidades son construcciones sociales, es decir, elementos que necesariamente son mutables y dinámicos, por eso apelar a lo auténtico es ahora en el siglo XXI un problema (ya lo era antes), no es  real abanderar las identidades sacralizadas en una sociedad como esta, y UPN no puede aspirar a crear una identidad monolítica y unívoca, tal y como se desprende del amejoramiento del fuero.

 

            Debe existir una voluntad de sustituir la autoridad de la historia, de los derechos históricos, por la voluntad contemporánea de la sociedad, de ahí que sea imprescindible proclamar a favor del gobierno de los vivos, porque la historia, los castillos y los ríos no gobiernan, gobernamos los vivos. La defensa de los fueros o de la diferencia con el vecino no puede elevarse a categoría de valor colectivo, cuyo cumplimiento significa nada menos que el sentimiento tribal de ser buen navarro o buen vasco.

 

            De ahí el sentido del término vasquista como categoría que propone básicamente dos cuestiones; el reequilibrio a favor de la identidad vasquista en la representación institucional, en los símbolos, en la lengua y la convivencia entre las identidades. Tiene que haber un reequilibrio a favor del vasquismo porque es esta identidad la que fue apartada del amejoramiento, y es la que ha sido excluida sistemáticamente en estos últimos treinta años. Creemos que con Euskadi existe una afinidad que va más allá de la vecindad. Compartimos las dos lenguas propias de esta tierra y compartimos rasgos culturales y obviar esta situación no le aporta normalidad a una relación igualitaria entre comunidades vecinas, que interesa a Navarra.

 

            En esto, aunque todavía se han hecho tímidos y contradictorios avances, Nafarroa Bai ha marcado un buen camino al construir una coalición formada por nacionalistas y no nacionalistas, sólo nos queda seguir avanzando para construir puentes que faciliten la convivencia de identidades, y particularmente, el trabajo en común con las izquierdas navarras.

 

            Los nacionalismos excluyentes nos quieren comunicar sus certezas, pero yo prefiero que el laicismo nos comunique sus dudas.

 

----------------------------------------------------------