Retos políticos y organizativos de Na Bai
Reflexiones y propuestas de Batzarre
I. Punto de arranque.
Vamos a tratar de trasladar lo más sustancioso, a nuestro juicio, de los debates actuales sobre Na-Bai y su situación.
El punto de partida se puede sintetizar en una especie de annus horribilis no tanto por los resultados electorales, que –más allá de las ensoñaciones de la mayoría- fueron dignos, como por la imagen ofrecida en no pocas ocasiones, por las rivalidades inter-partidarias, por los diferentes enfoques ante problemas políticos importantes o por la inadecuación a su papel de oposición seria, rigurosa y eficaz... En esto hay bastante acuerdo entre todo el mundo.
A partir de aquí aparecen las diferencias al realizar el diagnostico y al establecer las causas de los conflictos. Desde Batzarre percibimos que existen problemas organizativos y problemas, diferencias o hechos de naturaleza política que intervienen con fuerza sobre Na-Bai. Por nuestra parte, destacamos las siguientes conclusiones sobre la parte política indicada:
1) Na-Bai es fruto de la exigencia del electorado de ese tercer bloque tantas veces invocado. Y al mismo tiempo, en parte, es una alianza contra natura muy condicionada por ETA y en buena medida su existencia se debe a ella. Así se entiende la unión de fuerzas tan dispares.
2) A ello se añaden la interferencia producida por ETA y por la política de
3) Las turbulencias van a ser constantes en Na-Bai. Ya que es insuficiente y a veces contradictoria la sustancia común para funcionar como una fuerza unificada. Este es el dilema con el que nos hemos encontrado hasta ahora.
4) Hay que buscar un equilibrio suficiente para desarrollar Na-Bai y para afrontar el cambio de Navarra. Lo cual entraña una solución difícil, con cierto grado de inestabilidad y exige un análisis que no reduzca el problema a lo organizativo.
5) Hay que combinar y vivir con naturalidad la actividad común de Na-Bai con el desarrollo de otras actividades y colaboraciones especificas de cada fuerza. Así ha sucedido en el Aberri Eguna, en la defensa de
II. Dar salida a los retos políticos.
A juicio de Batzarre, para promover una política interesante desde Na-Bai y que rinda frutos positivos para el cambio ha de resolver bien varias cuestiones.
A) Sobre el cambio y sobre la política a desarrollar ante el PSN.
Entre las fuerzas de Na-Bai hay acuerdo en la necesidad de una alianza final con el PSN para el cambio.
Pero, a juicio de Batzarre, se debería llevar una doble política ante el PSN: a) Ser críticos con la línea actual del PSN, porque se subordina a la derecha, debilita las políticas sociales e impide el entendimiento entre las izquierdas. b) Facilitar al máximo la colaboración con el PSN (y con IU), que marque el futuro.
En esta dirección Na-Bai ha de evitar una línea hipercrítica, unilateral y muy agresiva con el PSN que conduce al enfrentamiento permanente, a la no-colaboración y que es de dudosa rentabilidad electoral.
Y ha de hacer frente a la política actual del PSN que consiste en facilitar la gobernabilidad de UPN, con cierta oposición, y presentarse como la alternativa central para las forales de 2.011. La diferencia entre las dos ponencias del PSN (2.004 y 2.008) es patente: la última empeora el espíritu, la mirada... para una colaboración con Na-Bai. No obstante, creemos que serán decisivos los resultados electorales, la política de acercamiento y la línea que desde ahora desarrollen Na-Bai e IU... En cualquier caso es fundamental ganarse al electorado socialista para esta alianza.
Na-Bai debe corregir en parte su política ante el PSOE: debe modular la crítica exagerada y poco rigurosa; no debe perder de vista que la derecha es la gran benefactora del desencuentro actual; debe ser más ecuánime al abordar los problemas del PSN para el cambio en la coyuntura actual; debe comprometerse en el rechazo total a ETA y en la crítica firme a Batasuna/ANV; y sería oportuno reflexionar acerca de admitir una moratoria en algunos temas centrales del llamado conflicto vasco-navarro, dada la excepcionalidad que impone ETA entre las gentes vasco o navarro-españolas y dada la falta de un consenso mínimo en la sociedad vasco-navarra para encarar los grandes temas pendientes.
B) Rechazo total de ETA. Crítica firme a Batasuna/ANV.
Como decíamos en el anterior Berrituz, nº 17, la perspectiva actual es que ETA va a continuar y ANV va a mantener una subordinación política total.
Ante ETA, Na-Bai debe mantener una línea basada en la deslegitimación social de ETA, en su desaparición sin precio político, en una salida sin revanchismo, que cierre las heridas, en el respeto escrupuloso los derechos humanos por el Estado.
Y Na-Bai debe ser firme en la crítica a ANV por su política de subordinación y complementariedad para con ETA y por su inconsecuencia: no rechaza la vulneración de los derechos humanos realizada por ETA. Este es el núcleo central en estos momentos.
Además, Na-Bai ha de colaborar con ANV, como con cualquier otra fuerza, en la defensa de los intereses de la población. Pero dejando claras las diferencias fundamentales que nos separan.
Es evidente que resulta francamente difícil llevar a cabo una política de estas características en el actual laberinto de la política vasca y navarra. A ello contribuyen, también negativamente, diversas valoraciones, actitudes, ambigüedades, que hoy son claramente predominantes entre las fuerzas y entre las bases más activas de Na-Bai. Por ello, para deslegitimar a ETA es necesario no estar cautivos del andamiaje conceptual construido y manejado por ETA y Batasuna/ANV. A modo de ejemplo nos detendremos en varias consideraciones:
Primera, la valoración de ETA como fuerza abertzale emancipatoria. ETA no sólo no es un avance, sino que es un retroceso para lo mejor de las causas emancipatorias más interesantes en el tema que nos ocupa: los derechos humanos, los valores democráticos, los valores pacifistas, una forma de disidencia civil en estas sociedades nuestras, la oposición la pena de muerte. ETA y su entramado de intimidación sólo aportan realidades muy negativas, nada positivo desde un prisma emancipatorio. [Curiosamente las izquierdas, especialmente las comunistas y revolucionarias han estado muy ausentes en todo lo referido a la defensa y gestión de la declaración de DD.HH; recordad los países que se abstuvieron en su aprobación de 1.948]
Segunda, la consideración de ETA como reflejo del conflicto Euskadi-España. Es una reducción hablar exclusivamnte del conflicto entre ETA y el estado español. Lo es. Pero el conflicto principalmente se produce con la sociedad democrática, con
Tercera, la compresión existente en amplios sectores vasquistas con ETA. Que ETA lleve a cabo su acción en nombre de la emancipación no solo no le justifica, sino que es un agravante: Matar o intimidar a la otra parte por pensar diferente o por ser de la otra identidad es absolutamente ilegitimo; y, además, es ventajista (pretende lograr lo que no conseguiría por medios iguales a sus adversarios). Y pierde la superioridad moral que se le supone a cualquier causa emancipatoria.
Cuarta, se dice, ETA está sin salida. ETA tiene otra salida: Dejarlo. Postular una moratoria de las demandas nacionalistas para no mezclarlo todo con su final, ya que esa mezcla lo complica todo. No defender el chantaje actual a la sociedad: el programa abertzale a cambio de su final.
Asimismo, una política tibia con ETA y una política errática o condescendiente con ANV–además de errónea- le convierte a Na-Bai o a quine la practique en rehén de ETA, ya que una línea de actuación fuerte por parte de ETA le crea problemas muy serios ante la sociedad que más sufre sus embates y por supuesto para las alianzas de cambio.
C) Na-Bai: una plataforma de izquierdas, plural entre nacionalistas-vascos y no-nacionalistas vascos.
Formalmente Na-Bai se ha definido así. Y ha manifestado con toda solemnidad su aspiración de agrupar al tercer bloque electoral ofreciendo, al menos en tres ocasiones, a IU su integración en la coalición. Batzarre comparte plenamente ese deseo. Ahora bien, eso requiere unos mínimos imprescindibles: la voluntad de buscar un denominador común y una situación cómoda para las sensibilidades nacionalistas-vascas y no-nacionalistas, una representación ajustada de los sectores no-nacionalistas y un respeto exquisito a la pluralidad.
Batzarre ya ha expresado en varias ocasiones sus quejas por algunas prácticas existentes en Na-Bai al respecto: por ejemplo, la representación actual de los sectores no nacionalistas es de uno sobre diez en teoría y de uno sobre doce en el resultado final; algo que nos parece injusto a todas luces. Ahora hay un tema que nos preocupa seriamente: el tratamiento que se dispensará a la minoría dentro de la coalición, cuando haya discrepancias. No es un asunto fácil de resolver, lo reconocemos. Batzarre defiende el derecho a opinar sobre cualquier asunto (se admite). Y en lo relativo al voto Batzarre defiende que haya disciplina en los temas pactados o en aquellas decisiones que pongan en peligro un asunto central.
Pero al mismo tiempo defendemos que se reconozca la libertad de voto (intentando el acuerdo, por supuesto) en las cuestiones no-pactadas, en los temas de conciencia.
Nuestros argumentos descansan en que Na-Bai no es un partido sino una coalición de partidos; y, en consecuencia, no se puede aplicar la mayoría en temas no-pactados; de ser así, se rompería lo que todas las fuerzas y gentes de Na-Bai afirman a bombo y platillo –la unidad entre diferentes- y la mayoría nacionalista-vasca podría imponer su criterio en toda clase de asuntos (es decir, en la practica esta restricción sólo sería aplicable a Batzarre). Además nos sorprende porque la repercusión practica de esto no ha sido grande. Los dos casos habidos durante un año han tenido que ver con la hoja de ruta de Ibarretxe (sin ninguna repercusión práctica en Navarra) y con la manera de entender y aplicar la política de liberados (algo que tiene que ver con la concepción de la política, pero que con un mínimo de flexibilidad se podría haber resuelto satisfactoriamente y no como se zanjó entonces).
También hay que tener en cuenta la pluralidad territorial. Existen elementos polémicos que difícilmente se pueden aplicar o enfocar de igual manera en el norte y en el sur de Navarra. Si partimos de la pluralidad ideológica, de trayectoria o de las diferentes merindades de Navarra y luego aplicamos la aplastante mayoría nacionalista-vasca en todo (por eso curiosamente la fuerza más pequeña de todas, PNV, es la principal abanderada de la vía más cerrada), si hablamos de otra forma de hacer política, y luego practicamos el monolitismo político más convencional... pues sencillamente se dice una cosa y se hace otra.
D) Na-Bai una fuerza navarra, independiente, sin ataduras con sus fuerzas homólogas de
Na-Bai debe ser una fuerza navarra. Si partimos de la realidad actual de Navarra sobre la controvertida unidad con
Igualmente, hay que tener en cuenta las interferencias habidas desde
Batzarre a la luz de estos y de otros datos ha expuesto varios criterios sobre esta cuestión que tan directamente le afecta a Na-Bai:
1) Na-Bai debe mantener un criterio independiente ante las posibles contradicciones entre bienes o intereses legítimos, que se pueden producir entre la coalición y las fuerzas abertzales homologas de
2) Na-Bai necesita cultivar dicha imagen independiente así como disipar la sombra que le persigue al vasquismo navarro en esta materia.
3) Na-Bai tiene que desmarcarse ante la exigencia de la unidad territorial por parte de ETA y ANV planteada por vías violentas o autoritarias y en contra de la opinión de la inmensa mayoría de la población navarra.
4) Na-Bai ha de situarse en la perspectiva –como mínimo para muchos años- de fortalecer los vínculos, las relaciones y afinidades entre ambas comunidades.
5) Todo lo anterior para nada implica renunciar al ideario abertzale de las fuerzas que así se consideran ni a las actividades propias que deseen realizar.
Hace escasos meses, se produjo un hecho muy significativo (y claramente negativo a nuestro juicio): la intromisión del presidente del Gobierno Vasco en los asuntos de Navarra mediante la llamada hoja de ruta del Lehendakari. Ante ello la mayoría de Na-Bai apoyó su actitud considerándola dentro del derecho de propuesta. En un artículo, publicado en Diario de Noticias, los representantes de EA y PNV en su primera conclusión afirmaban: “1. El Gobierno Vasco, como institución democrática, tiene capacidad y legitimidad para ejercer el derecho de propuesta que asiste a todo agente político sobre aquellos asuntos que considere relevantes para la ciudadanía a la que gobierna. También para proponer acuerdos, convenios e incluso la creación de órganos e instituciones comunes con otras comunidades”.
Bien, el Lehendakari tiene derecho a proponer según, cómo y qué. No tiene derecho ni respaldo legal para una reforma en toda regla del Amejoramiento. Y de esto ni más ni menos es de lo que se trataba con la iniciativa referida, donde se proponía nada más y nada menos que: la definición de nación vasca en claves del zazpiak bat, la definición del órgano común con capacidad ejecutiva y legislativa, la definición de la política lingüística en Navarra (co-oficialidad del euskara y política lingüística), la formación de una euro-región vasca, la constitución de Udalbiltza con rango oficial o semi-oficial en los siete territorios. Es secundario, en este caso, que coincidamos o no en la inmensa mayoría de estos postulados. De lo que se trata es de si la autoridad de otra comunidad puede atribuirse o no una potestad de ese calibre: el Sr. Ibarretxe pretendía proponer y pactar con el presiente del gobierno español sobre estas materias. Y para esto el Sr. Ibarretxe en lo que hace a Navarra no tiene ninguna legitimidad.
Por ejemplo, es evidente que una nueva definición jurídico-política sobre la base del zazpiak bat (incluyendo a Navarra lógicamente) corresponde en exclusiva a la ciudadanía de cada territorio en primera instancia: en este caso a Navarra. Y posteriormente al conjunto resultante. Este comportamiento resulta chocante, cuando, si bien es cierto que cabe cierta interpretación propicia al laurak bat en el Estatuto de Gernika (Art.1 y 2), hoy probablemente la mayoría amplia de las instituciones de Navarra no lo admitirían.
III. Modelo organizativo.
Apostamos por un modelo organizativo de carácter mixto para Na-Bai que responda a su doble composición: partidos y personas no-afiliadas. Y que se estructure como coalición de partidos y como fuerza propia.
Los principales acuerdos organizativos –que han guiado a la coalición datan del 2006 y con ellos se afrontaron las elecciones forales del 2007- son los siguientes: Designación de las listas conforme a los resultados de las elecciones forales del 2003, dando entrada a muy poca gente independiente. Los órganos de Na-Bai se componen de cinco partes (partidos e independientes) bajo el criterio de la paridad. El reparto del dinero excedente entre los partidos se realiza bajo un criterio paritario en el caso del Congreso y proporcional al número de cargos electos en el Parlamento y Ayuntamientos.
En estos momentos, sería preocupante actuar bajo el síndrome del annus horribilis reduciendo todos los problemas al ámbito organizativo y no haciendo un buen diagnostico acerca de las causas que están detrás de los conflictos o problemas de Na-Bai. Y todavía peor si se ve la salida principal en ley, orden, disciplina y monolitismo (que en la practica llevaría a la anulación de la pluralidad, y en especial de Batzarre). Y decimos esto coincidiendo con la visión muy negativa, catastrófica, si se quiere, ofrecida por Na-Bai durante el último año.
Por el contrario, es positivo que haya coincidencia en evitar dos peligros que ahora mismo harían inviable el proyecto: adoptar un modelo asambleario y pretender la formación de un partido político con los mimbres actuales. Hacemos estas afirmaciones no porque dichos modelos sean rechazables por principio, sino porque
Dicho esto, comentaremos los temas más controvertidos. Antes señalaremos un aspecto muy importante como son las condiciones que vemos convenientes para obtener un buen resultado en el reajuste organizativo emprendido: un diagnostico ajustado a la compleja realidad, un acuerdo amplio entre partidos e independientes, un avance gradual, una participación del cuerpo activo de Na-Bai, unos criterios pragmáticos y desprejuiciados.
- Afiliación. Batzarre defiende una afiliación, formada por las personas que lo deseen, sean de partidos o no, así como la elaboración de un censo. La gente afiliada elige las candidaturas para las próximas elecciones de modo total y proporcional. Habría que estudiar posteriormente los sistemas de elección garantizando la representatividad de las minorías. Y habría que establecer un organismo representativo que pueda corregir posibles desviaciones que se hayan producido, en torno a la pluralidad, representación de género, etcétera.
- Criterios para establecer la representatividad en la toma de decisiones, en la designación de órganos, en la composición de los mismos. Desde Batzarre barajamos varias posibilidades.
Primera hipótesis: O bien se componen de cinco partes (los independientes eligen su cuota) de forma paritaria. Se habilita la participación de la gente en debates (asambleas locales, cofradías, comisiones sectoriales u otras formas que se consideren). Se mantiene el sistema actual en las tomas de decisiones y se amplía dando mayor participación a la base afiliada (en decisiones extraordinarias vía referéndum, y en decisiones ordinarias en el ámbito local y sectorial y en las áreas de tipo general que se especifiquen: por ejemplo, ya hemos planteado en un campo muy importante como son las listas).
O se establece un porcentaje de cargos elegidos por los afiliados y otro por los partidos.
Segunda hipótesis: Si no se acepta la paridad, tiene que regirse por criterio electivo y proporcional. No valen las referencias al 2003, ni a los cargos electos, pues estos responden al mismo criterio del 2003 como columna vertebral.
- Discrepancia de voto. Ya lo hemos tratado en el apartado sobre la pluralidad de Na-Bai.
Explicación de estas propuestas. Es difícil hacer algo perfecto que case con los intereses de las diferentes partes, con las dificultades innatas en una coalición de estas características y con la participación que se le supone a una fuerza renovadora y preocupada por abrir cauces de participación. A juicio de Batzarre, hay que lograr un equilibrio entre los elementos más importantes: participación de la gente en debates y decisiones junto a la viabilidad de un corpus social tan heterogéneo; representatividad conforme al peso de cada corriente junto a la garantía de la pluralidad; coherencia, estructura funcional y viabilidad junto al respeto de las minorías ideológicas y de la diversidad geográfica; en definitiva oferta creíble de Na-Bai junto al reconocimiento de la pluralidad, de la diferencia y de la discrepancia que están en la base de Na-Bai, que son inocultables y que hasta la fecha han sido asumidas por el heterogéneo electorado de Na-Bai. Na-Bai está predestinada a vivir en una transitoriedad impuesta. Se trata de buscar el equilibrio suficiente para continuar y para afrontar el cambio de Navarra (verdadero motor de su existencia). Y para ello, se trata, además, de tender puentes con las otras izquierdas pasando por tontos, como se suele decir, si es preciso pues Na-Bai se la juega en el cambio.