El despertar de la inocencia

El despertar de la inocencia

 

Idoia Merino, Ioseba Eceolaza

 

 

19 – 9 - 2008

 

“Puede que no podamos escoger la manera en la que sentimos, lo que deseamos, pero podemos elegir lo que hacemos con esos sentimientos y deseos”. Jeffrey Weeks.

 

            Nosotros los de la  generación X hemos recibido más información que las anteriores en materia de sexualidad aunque incompleta y confusa, un cocktail de reduccionismo biológico reproductivo, de moral y prevención de los riesgos de las enfermedades, pasando de puntillas sobre la importancia de reconocer y expresar las emociones y los sentimientos como parte imprescindible para el desarrollo emocional y crecimiento personal.

 

            No podemos olvidar que la sexualidad es un ámbito fundamental de las relaciones de pareja, aunque no exclusiva de la pareja, por lo que es necesario revisar los conceptos y valores que nos guían en este terreno, igual  que otros espacios de nuestras vidas, con el objeto de educar en relaciones de buenos tratos que nos permitan disfrutar de esta faceta humana con respeto y responsabilidad, evitando perjuicios. Además, aprender a respetar las diversas opciones sexuales y formas de vivir esta faceta incide en la  calidad democrática de nuestra sociedad. Según valoremos la sexualidad y la diversidad existente caminaremos (o no) hacia una sociedad más igualitaria y libre, en la que se tolere la diversidad existente, garantizando los derechos de las personas a expresar y disfrutar de forma plena su sexualidad y a protegernos de posibles abusos. Es urgente abordar la sexualidad con naturalidad, como un tema más en el que tenemos que educarnos y educar. Así, podremos disfrutar mejor de nuestros deseos y potencialidades, aprendiendo a conocernos sin miedo, a pedir y a decir no. La diversidad nos enriquece a todos, pues amplía la libertad para decidir y disfrutar al margen de tópicos impuestos.

 

            Creemos que la sexualidad no sólo tiene que ver con el cuerpo. También con las palabras con las que definimos las diferentes prácticas y actos sexuales. Con las imágenes que nos hacemos y que la sociedad va construyendo sobre la sexualidad, con las fantasías más íntimas, con los distintos roles y estereotipos que se nos asignan a chicas y chicos, también con la imposición de modelos desde el exterior, sin tener en cuenta las propias vivencias y valores personales.

 

            Quizás la tarea más difícil sea repensar y reflexionar sobre las diferentes identidades sexuales con las que convivimos, sin crear teorías cerradas de comportamientos, que nos permitan  tener una mirada más amplia, desprejuiciada, libre de tabús heredados de nuestras tradiciones culturales.

 

            Hoy, parece que no se está abordando de modo responsable y adecuado las vivencias de la sexualidad de la gente joven. Las familias responden con ansiedad ante las vivencias sexuales de sus hijos e hijas adolescentes, y los sistemas educativo, sanitario y de servicios sociales no dan la cobertura necesaria para facilitar a la población juvenil el disfrute de una sexualidad saludable y satisfactoria.

 

            Para nosotros es muy importante poder compartir espacios de encuentro con otra gente joven, donde poder socializar y abordar las dudas, los interrogantes e inseguridades,  los nuevos deseos y prácticas sexuales, un espacio donde sentirnos acompañados en este proceso de crecimiento, en esta etapa marcada por los cambios físicos, psíquicos y sociales que van a acompañarnos en  el desarrollo personal. Por eso, nos parece imprescindible dotar a Navarra de un Centro de Referencia Juvenil en Educación sexual y Relaciones Afectivas como espacio de encuentro.

 

            No existe un manual de la sexualidad al uso, algo que nos debe alegrar puesto que posibilita descubrir, investigar, seducir, un aprendizaje que se inicia con inseguridad, miedos, desconfianzas. Sólo el hecho de poder compartir el aprendizaje, permite desprejuiciar nuestra mirada, ensanchando los horizontes de las emociones y los sentimientos, además de pensar en la responsabilidad de vivir la sexualidad desde el respeto y la libertad de elección, haciendo hincapié en la responsabilidad del disfrute del sexo evitando consecuencias involuntarias como enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados.

 

            Comencemos a entender la sexualidad como una faceta humana más, una capacidad para comunicarnos, sentir y dar placer, como una fuente de salud que determina el grado de bienestar y la calidad de vida de la sociedad en general y en particular de nosotros los jóvenes.

 

            No olvidemos que vivimos una era de incertidumbres, de cambios acelerados y de valores inciertos. Las antiguas certezas morales se diluyen y las fronteras de 'lo legítimo' y 'lo correcto' se desvanecen para dar paso a una realidad compleja, plural y diversa que es todo un desafío a nuestra capacidad de convivencia.

 

 (19 de septiembre de 2008)