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1 de Mayo: contra la pobreza, solidaridad. Lo que no se comparte, ¡se pierde!. Por Javier Irisarri y Teresa Burgui

La precariedad,
el modelo laboral capitalista impuesto por los gobiernos del PP y PSOE con sus
reformas laborales de 2010 y 2012, y de pensiones 2011 y 2013, que reducen
salarios y pensiones, viene siendo el motor de lucha y organización, nada
despreciable por cierto, para diferentes sectores de las clases trabajadoras y
populares.

Si bien
las ganancias patronales y la banca se han recuperado a niveles anteriores a la
crisis, no ha sido así para la inmensa mayoría social, en materia salarial,
calidad del empleo y número de personas paradas existentes, de las cuales, un
número muy importante ni tan siquiera tiene derecho a prestaciones. El Estado
español está a la cabeza de las cifras europeas de pobreza y precariedad, no sólo
como una de las consecuencias de la crisis, sino como uno de los motores de la
recuperación.

En
estos años de crisis, la desigualdad en el Estado español no ha dejado de
crecer, situándolo como uno de los Estados más desiguales de Europa. 

Mientras
los ricos se han hecho más ricos, la mayoría de los trabajadores y trabajadoras
sobreviven con salarios de miseria y contratos precarios, que, en el caso de
las personas más jóvenes, dificulta, cuando no, impide, hacer planes de futuro
.

Los
enormes saltos en los procesos de robotización y automatización de la
producción y el comercio, han traído un aumento importante de la productividad en
el trabajo, que no han tenido su reflejo en un descenso de las horas de trabajo,
ni en la mejora de las condiciones laborales, antes al contrario, se acentúan
el paro, los bajos de salarios y la precariedad. Asignatura pendiente también
la importante brecha salarial entre hombres y mujeres, y la superación del
acoso laboral.

Se ha
aprovechado la crisis para privatizar y llevar a cabo importantes recortes en sanidad,
educación, dependencia, cuidado de mayores y sistema de pensiones, convirtiendo derechos básicos, como
sanidad, educación,  vivienda, etc. en
puro negocio. Por eso, blindar el
sistema de pensiones en la Constitución, luchar por pensiones dignas, servicios
públicos gratuitos, de calidad y de carácter universal, es una cuestión vital
para combatir la precariedad social.

Igualmente,
qué decir de las miles de familias que han visto cómo perdían su vivienda
durante la crisis, siendo esta cuestión uno de los problemas más agudos entre
las familias trabajadoras y uno de los rasgos distintivos de la precariedad: la
exclusión residencial.

En
nuestra opinión, resignarse ante esta realidad no es una opción, debemos unir
voluntades encaminadas a revertir las desigualdades que se han instalado entre nosotros
y nosotras, buscando una redistribución de la riqueza que permita generar
empleo de calidad, unos salarios dignos, una más justa distribución fiscal,
pagando más quien más tiene, o asegurar una renta de garantía que cubra las
necesidades de las personas más desprotegidas o 
el acceso a una vivienda de alquiler social.

Lo
que no se comparte, se pierde. Justicia, cohesión social y un modelo socio-económico
más justo, para superar las desigualdades. 
Que este 1º de Mayo nos sirva para avanzar hacia ello.